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Juan Freire en el encuentro OcioGune, en la Universidad de
Deusto, Bilbao.
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En tu charla sobre Transformación del espacio público,
hablabas del urbanismo emergente, o peer to peer, ¿en qué consiste?
Habitualmente entendemos el urbanismo como un proceso de
arriba abajo, planificado por urbanistas o gestores que diseñan por completo la
ciudad. En contraposición, o complementariamente a esto, hay una forma de
construir la ciudad que es emergente en el sentido en que nace de abajo hacia
arriba, a partir de la propia actividad de la gente, que actúa de forma
colectiva formando redes, y que es capaz de desarrollar proyectos y cambiar la
ciudad, no en cuanto a su arquitectura, sino en sus usos y su funcionamiento. A
veces también se utiliza el término del p2p por analogía con las redes que se
desarrollan en internet. Yo creo que lo más interesante es que estos procesos
no son contrapuestos, es decir, que no es una cosa o la otra, sino dos
conceptos que se pueden dar a la vez, y el arte de gobernar una ciudad está en
provocar que sucedan estas dos cosas, y que sucedan bien.
¿Cómo podemos provocar esta implicación ciudadana?
Yo creo que un elemento básico es tener espacios públicos en
el sentido más amplio, es decir, espacios donde la gente pueda acceder a
información, pueda debatir, conversar y tomar decisiones. Los espacios públicos
en la ciudad son los que ya conocemos, no sólo los jardines o los museos, sino
todos los espacios donde hay interacción entre la gente, que pueden ser muy
variados, desde una calle hasta un bar, una sala de exposiciones o un colegio.
Pero también hay un espacio público que es digital, internet, donde se produce
exactamente ese mismo proceso.
Lo que estamos aprendiendo ahora es que ese espacio digital
que parecía que era útil para trabajar a distancia, ahora resulta que se
utiliza muy intensamente a nivel local. Desde el ocio, en el caso de los
adolescentes es clarísimo como viven en digital y a la vez en local, hasta
grupos de ciudadanos que se organizan en plataformas dentro de internet para
luego desarrollar actuaciones físicas, sobre el territorio.
Pero al final la gente que se implica en estos procesos
es muy poca, y existe una idea generalizada de que en la práctica, esta forma
de planificación basada en la participación ciudadana puede resultar caótica y
poco efectiva.
Sí, pero yo creo que eso viene de dos razones. Dentro de la
historia reciente, hemos vivido mucho tiempo pensando que la ciudad es la
planificación y la arquitectura, un concepto de ciudad como algo físico,
alejado del ciudadano. Hemos acabado por creérnoslo porque es lo que nos han ido
diciendo, pero en realidad nunca ha sido así. La ciudad siempre ha sido un proceso vital, siempre ha sido
la resulta de la vida de sus ciudadanos, pero es algo que se ha valorado poco.
"En los procesos de participación, la administración no utiliza
los lenguajes ni las herramientas adecuadas."
Eso ha provocado un desánimo, nos ha llevado a pensar que la
participación no es posible, porque cuando hemos asistido a procesos, digamos
reglados, de la administración, casi siempre han resultado iniciativas en las
cuales la propia administración no creía, tenía la respuesta a priori y no
utilizaba las herramientas ni los lenguajes adecuados. Este es un problema
importante, las administraciones no se comunican bien con los ciudadanos, no
saben narrar las historias que tienen que contar.
Y después hay un cambio necesario, que yo creo que va más
allá de las ciudades. Hemos entendido siempre que algo tan complicado como una
ciudad sólo se puede gobernar de forma jerárquica y controlada. Ahora estamos
descubriendo, no por el entorno urbano, sino por lo que pasa en el mundo de las
empresas y en el de internet, que estos sistemas tan complejos no se pueden
gobernar así porque es imposible planificar y predecir su comportamiento.
Precisamente en estos entornos complejos hay que aplicar otras formas de
gobernanza mucho más horizontales y basadas en procesos emergentes. Es una
preconcepción que está equivocada, lo complejo no se puede gobernar desde la
planificación.
Dices que la innovación social surge en los espacios
públicos que están poco reglados.
La ciudad se ha caracterizado siempre por la combinación
entre espacios reglados y no reglados. Los espacios públicos son eso, una calle
es un sitio donde hay ciertas normas escritas, pero muchas más que no están
recogidas en papel, que se negocian constantemente entre la gente, sino
seríamos autómatas.
Los espacios con reglamentación débil, que se gobiernan de
forma autónoma, son los que periten que suceda la innovación, es donde tienes
capacidad de hacer cosas distintas, donde la ciudadanía puede tener una idea y
desarrollarla. Si todo está estrictamente planificado esa innovación no puede
suceder. Por tanto, que se pierda espacio público con estas características es
preocupante porque es lo que mata la innovación social y, en el fondo, la vida
de la ciudad.
El concepto del pensamiento de diseño, ¿puede aplicarse a
procesos dentro de la ciudad?
El pensamiento de diseño es un término que se está
popularizando, primero surgió en EEUU y ahora está llegando a Europa. En
realidad significa algo que tiene grandes dosis de sentido común pero que no se
aplica, y que puede utilizarse tanto en el gobierno de las ciudades como dentro
de la educación, en el diseño de servicios y de objetos. No es más que utilizar
la forma en que trabajan los diseñadores, quienes aplican una aproximación a
los problemas basada en situar al usuario en el centro, en pensar desde su
punto de vista. En la ciudad, consistiría en enfocar el problema desde el
ciudadano, no desde la ciudad como un ente abstracto, ni desde el político o
desde la arquitectura.
Se trata de introducir al usuario en el diseño de la
solución, que sea un proceso participativo donde el usuario es diseñador, y
también, que sea un proceso de experimentación continua, porque la solución
perfecta no existe y vas llegando a ella casi por ensayo error, por prototipos,
no en el sentido de un objeto que no se utiliza, sino el prototipo de algo que
es real y funciona, del que aprendes y que vas modificando. Esa es una idea que
yo creo que es muy potente, en contraposición a la de la planificación o al
diseñador que crea algo sin consultar con nadie, que cree que tiene una idea
genial y diseña una solución completa para luego ponerla en el mercado.
"En la ciudad no puede estar todo planificado, porque
entonces se mata la innovación."
El pensamiento de diseño me parece también muy potente a
nivel de educación porque es el método de aprender haciendo, que es una
metodología, y también el del aprendizaje basado en problemas, que es algo
parecido. Son métodos que hasta
ahora eran marginales, los usaba poca gente. Pero ahora, como el conocimiento
ya es tan accesible, el problema ya no es acceder a él sino usarlo, entonces lo
importante es enseñar a los alumnos a usar este conocimiento, y la mejor vía
para ello es con este modelo de aprender haciendo.
Ahora participas en el proyecto Espacio-Red, donde aplicáis esta
forma de trabajar del pensamiento
de diseño dentro de la educación.
Sí, se trata de una iniciativa de la Universidad
Internacional de Andalucía que consiste en un grupo de trabajo donde hay gente
de la propia universidad y gente de fuera, y nos encargan dos cosas: que
pensemos cómo la cultura digital afecta a la sociedad y por tanto también a la
universidad, y que lo hagamos de forma activa, no con una reflexión teórica
sino trabajando con especialistas y con usuarios, haciendo talleres y eventos
de todo tipo.
Con los estudiantes trabajamos en esa línea, no les hacemos
explicaciones teóricas sino que ellos identifican un proyecto que les interesa
que tenga un componente digital y lo ponen en marcha. De esta forma van aprendiendo
las herramientas digitales, pero también la cultura en la cual se están
metiendo, los códigos, el lenguaje,... Todo esto lo van aprendiendo trabajando
sobre su propio proyecto, que es lo que nos parece más interesante.
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