A través de las redes 2.0, también en la salud, los ciudadanos estamos pasando de ser tan sólo receptores a tener la capacidad de participar de forma activa. Las nuevas tecnologías nos están permitiendo ser más protagonistas en el tratamiento de las enfermedades, en la obtención e intercambio de información, y también en las decisiones.
En países como Inglaterra, el sistema de salud está adoptando nuevas herramientas para integrar de forma más activa a los ciudadanos. Basta consultar la página de la NHS (National Health Service) para reconocer las diferencias con el portal del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria. La web del sistema británico ofrece un espacio estructurado de forma sencilla con información didáctica sobre enfermedades y tratamientos, y da la posibilidad de realizar consultas e incluir opiniones sobre el servicio de salud público. En este sentido están surgiendo nuevas webs dedicadas a recoger las valoraciones de los pacientes de sus servicios de salud, como es el caso de Patientopinion, en UK, o RateMDs, en Estados Unidos, donde los ciudadanos puntúan a los médicos. Herramientas de opinión que aquí aún no se están adoptando pero que bien aplicadas pueden suponer una mejora del servicio sanitario.
Las redes sociales a través de internet están favoreciendo también la gestión de la enfermedad por parte del propio paciente, sobre todo en el campo de las enfermedades crónicas, donde la vida de la persona se ve alterada de forma permanente. Estas vías de comunicación, aunque pueden conllevar riesgos si se convierten en alternativa a la consulta médica, pueden ser una herramienta muy útil, tanto para los pacientes como para el sector sanitario. Es el caso de la iniciativa británica Patientslikeme, donde las personas enfermas comparten sus experiencias acerca de enfermedades como la esclerosis múltiple, el parkinson o el VIH. Los visitantes aportan información sobre tratamientos y síntomas con la participación de expertos sanitarios. Los datos son compartidos con la comunidad médica y farmacéutica para mejorar en la investigación de estas enfermedades.
El aumento de las afecciones crónicas, vinculado al envejecimiento de la población, supone nuevas necesidades sociales que van más allá de los tratamientos tradicionales, adoptando las posibilidades de las nuevas tecnologías y la participación activa del paciente. Informes como el Innovative Care for Chronic Conditions, o The Chronic Care Model, recogen las deficiencias de los sistemas de salud actuales, como la falta de coordinación y de seguimiento activo y la necesidad de entrenar al paciente en el manejo de su enfermedad, proponiendo nuevas fórmulas para mejorar la atención a las personas con enfermedades crónicas.
Dentro de este campo, y mucho más cerca, está el Obervatorio Kroniker, situado en Bilbao, una fundación que se dedica a la innovación en la gestión de este tipo de enfermedades a favor de la calidad de vida del paciente.