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Imagen de Lawrence Lessig, de Easement.
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Cuando
Hillary Clinton era primera dama, presionó para detener una ley
promovida por la industria de las compañías de crédito (la Bankruptcy Abuse Prevention and Consumer Protection Act)
basándose en que esta ley perjudicaría a las clases bajas
norteamericanas. Dos años después, Clinton era senadora en Nueva York,
y había recibido para la financiación de su campaña 140 mil dólares de
la industria de tarjetas de crédito. Votó dos veces a favor de la ley.
Con
estos datos sobre la mesa, la conclusión es sencilla: el apoyo
económico de esta industria hizo que la senadora cambiara su voto. Sin
embargo, tal y como explica Lessig, -que pone este caso como ejemplo de
su argumento-, existen otros factores que podrían haber influenciado
este cambio de opinión. No se trata de defender a Clinton a ultranza,
pero antes de sacar conclusiones precipitadas sería necesario tener más
información, por ejemplo, sobre la financiación de otras empresas, o de
esta industria en campañas anteriores para poder comparar.
Tal y como recoge el analista político y experto en nuevas tecnologías David Weinberger, que ha hecho un resumen
más comprensible del extenso artículo de Lessig, la apertura de datos
"al desnudo", sin referencias y contextualizaciones puede conllevar
muchos malentendidos, sobre todo en cuestiones relacionadas con la
financiación, donde la opinión pública es más sensible, y como
resultado este tipo de transparencia puede desembocar en un sentimiento
generalizado de asqueo hacia la política. Más cerca tenemos como
ejemplo el espacio ConMiDinero,
una web que recoge los gastos del gobierno y administraciones públicas
a partir de publicaciones en la prensa. Aunque resulta una buena
iniciativa de transparencia, en muchos casos los lectores se quedan con
las cifras de los titulares sin adentrarse en análisis más profundos.
Actualmente tanto plataformas ciudadanas interesadas en la participación política como organizaciones
por el gobierno abierto reclaman en todo el mundo una mayor
transparencia en la información gubernamental como arma contra la
corrupción, y algunos gobiernos, con la administración norteamericana
a la cabeza, ya están tomando medidas para abrir sus datos. Según
explica Lessig, para que esta transparencia sea efectiva, debe ir
acompañada de análisis e información complementaria que ayude a la
población a entender sus implicaciones, además de otras medidas
anticorrupción al margen de la apertura de datos, como puede ser la implantación de una financiación pública para las campañas electorales en el caso de Estados Unidos.
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