La idea de conservar el mismo
trabajo durante varias décadas hace años que ha quedado desfasada. De un
tiempo a esta parte, las nuevas generaciones que se incorporan al
mercado laboral tienen claro que probablemente no estén más de dos o
tres años en la misma empresa, un hecho que en realidad es positivo
puesto que fomenta el aprendizaje constante, el reciclaje profesional y
la ampliación de los perfiles y habilidades. Pero el escenario laboral
se ha transformado en la última década hacia una nueva figura de
trabajador cada vez más extendida, especialmente en los ámbitos
creativos, la del freelance. Si bien ha habido siempre, la
flexibilidad que ofrece Internet, así como otros factores económicos,
han hecho que se considere a los freelances como "los trabajadores del siglo XXI". Tal y como recogía un informe de Deskmag, el número de personas que trabajan de forma independiente en oficinas compartidas se dobló de 2009 a 2010.
Scott Belsky, CEO de Behace y autor de Making Ideas Happen, habla de los nuevos Free Radicals,
profesionales que quieren tener el control de sus carreras, eligiendo
clientes en lugar de jefes y anteponiendo la libertad de escoger los
proyectos que más les interesan a la seguridad de un empleo fijo. Hasta
ahí, la descripción coincide con la figura del autónomo, pero se suma
una filosofía del open source, la experimentación y el conocimiento
compartido, frente a la tradición empresarial -aunque no de todas las
empresas-, de proteger y ocultar el conocimiento interno. En el artículo
A Manifesto for free radicals,
Belsky hace una defensa de esta figura como el nuevo trabajador
creativo del siglo XXI, que demanda más libertad en sus proyectos, más
margen para la experimentación y el trabajo en redes y menos burocracia.
Free Radicals que también pueden estar dentro de organizaciones, con un
rol que se acercaría a los llamados inprendedores.
Aunque se puede considerar una
visión algo idílica del trabajador por cuenta propia, más con la
situación económica actual, buena parte de los trabajadores
independientes eligen serlo, a pesar de sacrificar con ello las
prestaciones de un contrato. Las razones son principalmente la
flexibilidad de horario, la posibilidad de participar en diferentes
proyectos y la libertad para elegir aquello que quieren hacer, tal y
como explica la fundadora de Freelance Nation, Sara Horowitz. En el
artículo The freelance surge is the industrial revolution of our time, Horowitz afirma que no había habido un cambio en el empleo tan significativo en los últimos 100 años.
Sin embargo, Horowitz, que dirige
una organización sin ánimo de lucro para la defensa de los trabajadores
independientes, explica que este auge supone un impacto económico y
social. Aunque abre una vía para nuevos emprendedores y para ideas de
negocio innovadoras, genera también un grupo de profesionales cada vez
más amplio sin la protección y prestaciones sociales propias de un
trabajo asalariado. Según Horowitz, el escenario laboral que emerge
requiere de nuevos sistemas que permitan cierto grado de seguridad
dentro de la flexibilidad, de forma que no tengan por qué ser
incompatibles.
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