Hay que devolver el verde a la ciudad, pero ¿ha pertenecido alguna vez a ella la naturaleza? se preguntaba Diego Soroa. En el encuentro, el arquitecto del estudio Cuantics Creatives
proponía utilizar la biomimética, la tecnología que imita a la
naturaleza, en el urbanismo y la arquitectura para conseguir una ciudad
natural. Soroa explicaba que la naturaleza es un excelente laboratorio
de experimentación, con ejemplos de ingeniería que ofrecen soluciones
para construir edificios y estructuras mucho más perdurables y
sostenibles. "Cambiar el mundo", sostenía Soroa, "una idea que suena
naïf, pero que debería dejar de serlo", aunque para ello es necesaria
una mayor implicación de arquitectos y urbanistas en la construcción de
ciudades sostenibles. En este sentido, defendió la imposición de una
economía cíclica, una idea que ya propuso Kenneth E. Boulding
en 1978: "todos los materiales que se obtengan de los grandes depósitos
(aire, suelo y mar) deben ser devueltos a ellos, moviendo todo el
proceso por energía solar".
En la charla participó también Manu Fernández, autor del blog Ciudades a Escala Humana,
quien hizo un repaso de algunas de las iniciativas que están en marcha
en diferentes metrópolis, y que pueden resultar inspiradoras. Cubiertas
vegetales en los edificios, fachadas verdes y huertas urbanas. También
habló de activismo ciudadano, con propuestas como Parking Day,
una actividad que consiste en transformar plazas de aparcamiento en
zonas verdes de forma temporal. Iniciativas como esta, más allá de su
componente artístico, buscan llamar la atención sobre el excesivo
protagonismo del coche en la ciudad.
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Imagen de Parking Day, Tom Hilton.
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El
encuentro se centró principalmente en la inclusión de zonas verdes en
las urbes, dejando a un lado la cuestión del uso social de estos
espacios. Pero en este sentido, Manu Fernández puso como ejemplo el
proyecto The High Line, la
reconversión de las antiguas vías de ferrocarril de Nueva York en un
gran parque. Esta transformación, además de aumentar el número de zonas
verdes basándose en criterios sostenibles -reutilizar en lugar de
demoler y volver a construir-, ha supuesto la creación de un nuevo
espacio de interrelación. Su flexibilidad de usos hace que la población
haya tomado las antiguas vías para hacer picnics, organizar eventos
artísticos o trasladarse a pie mucho más rápido que a nivel de calle.
El
arquitecto Andy Backer estuvo también en Naider Topagunea, presentando
su proyecto de integración de la naturaleza en la fábrica Ford de
Detroit. Utilizando plantas como depuradoras naturales, y cubriendo las
instalaciones con vegetación han conseguido cambiar el aspecto de una
de las zonas más grises de la ciudad.