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By Idrewuk
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Gracias a la geolocalización y el reconocimiento
de imágenes, los dispositivos de realidad aumentada que incluyen ya
algunos teléfonos móviles permiten leer la ciudad de otra manera,
accediendo a la creciente cantidad de información que ofrece Internet
en el mundo real. Se trata de la inclusión de capas de información
digital en nuestro entorno accesibles en el momento.
El concepto de realidad aumentada abre nuevas
posibilidades en muchos ámbitos, desde culturales y educativos hasta en
el mundo del entretenimiento y del empoderamiento del consumidor,
permitiendo, por ejemplo, acceder a las críticas de un restaurante tan
sólo con enfocar la cámara del móvil a su fachada. En el artículo Construcción colaborativa también de la realidad aumentada, Dolors Reig
reflexionaba sobre las posibilidades interactivas y sociales de este
nuevo acceso a la información, que permite también la creación de
conocimiento entre toda la sociedad, incluyendo nuevos datos a los ya
existentes. Sin embargo, la realidad aumentada supone también un pastel
muy atractivo para la publicidad. Tal y como explica Marshall Kirkpatrick, corremos el riesgo de ver cómo se nos llena el móvil de anuncios cada vez que enfoquemos los dispositivos a nuestro alrededor.
Pero más allá de los problemas de spam, la
realidad aumentada abre también incógnitas acerca de la privacidad y el
concepto de transparencia. La red acumula gran cantidad de datos de
nosotros mismos que, aunque proporcionemos de forma voluntaria, es
posible que no queramos que estén al alcance de todos y en todo
momento. Como explicaba Matthew Buckland,
puede no ser muy agradable un futuro cercano en el cual una persona sea
capaz de leer nuestro perfil de Facebook con tan sólo enfocar su móvil
hacia nosotros. Ante este futuro posible, debemos aprender a gestionar
nuestra privacidad online y a construir nuestra identidad digital teniendo en cuenta cual es la imagen que queremos ofrecer al resto del mundo.
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