 |
|
By Side 2.
|
Son las 8:45 de la mañana. Cruzo la Gran Vía. Mientras sorteo los coches, mi teléfono móvil se afana en enviar información acerca de la contaminación atmosférica del centro de la ciudad. 18:00 horas, hora de salir del trabajo. Hace sol así que decido usar la bici para hacer unos recados. A medida que recorro las calles, mi móvil localiza mi ruta y la actualiza en un mapa de Internet que ofrece recorridos accesibles para transporte en bicicleta. Durante el viaje, fotografío unas barreras arquitectónicas que dificultan mi camino y las subo a la red para dejar constancia al Ayuntamiento, esperando que este tome las medidas pertinentes. 20:30 horas. Un par de amigos me envían un mensaje de texto: "¿quedamos para tomar algo?". Nos apetece probar algo nuevo, así que en un par de minutos consultamos en la Red un bar recomendado por otros usuarios con nuestras mismas debilidades. Como ha empezado a llover decidimos tomar un taxi. Durante el recorrido, el móvil nos indica las emisiones de CO2 que cargamos a la atmósfera dependiendo de la distancia y velocidad del vehículo, de forma que somos conscientes de lo que implica la decisión de ir en coche, en lugar de utilizar el metro.
Esta inclusión de nuevos dispositivos GPS, cámaras, micrófonos y sensores en nuestros teléfonos móviles nos ofrece una nueva forma de vivir e interactuar con las ciudades. Además, estas herramientas nos permiten volvernos parte activa en la creación de estas nuevas capas de datos, que pueden ser útiles tanto para la investigación científica (en el caso de dispositivos que miden las condiciones ambientales o las emisiones que generamos en nuestro día a día) como para ampliar la información que tenemos sobre el uso de nuestro entorno, a partir, por ejemplo, de los patrones de movimiento de la población.
Sin embargo, estas nuevas posibilidades abren interrogantes en relación a la privacidad. ¿Estamos dispuestos a compartir esta información, ofreciendo datos de nuestros movimientos en todo momento? A medida que se desarrollan estas herramientas tecnológicas, se hace necesario generar un marco ético que establezca barreras entre lo público y lo privado, permitiéndonos controlar la información que compartimos con la red, para no ser simples dispositivos de recolección de datos, sino personas partícipes y activas en la generación de información útil. En este sentido, cobra cada vez más importancia la responsabilidad de los desarrolladores de software en el empoderamiento ciudadano, a través de programas que nos permitan compartir la información decidiendo quien puede utilizarla y para qué.
La ciudad como plataforma interactiva ofrece oportunidades para la participación en su diseño y usabilidad, y facilita que estemos mejor informados en tiempo real sobre nuestro entorno. Sin embargo, como contrapunto esta nueva forma de navegar por los espacios urbanos puede suponer que en un futuro desaparezca el romanticismo de explorar la ciudad por uno mismo como un entorno nuevo, eliminando el factor de lo inesperado y ese sentimiento de autosatisfacción al descubrir algo que, pensamos, nadie había visto antes.
También puede interesarte: