Si hay algo que llevemos encima todo el día, además de la cartera, es
el teléfono móvil. Más de 4 billones de móviles circulan diariamente
junto a sus dueños, y pueden proporcionar mucha más información
sobre nosotros mismos y nuestro entorno de la que imaginamos. Sensores
de movimiento, de calidad del aire y de ruidos que pueden proporcionar
datos útiles para la ciencia y la investigación, y también para medir
nuestros hábitos de comportamiento.
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Mapeado de datos proporcionados por voluntarios a través de SMS y blogs
en una simulación de emergencia sanitaria realizada por Instedd.
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Móvil en mano, contribuir al desarrollo científico o a la mejora de nuestra ciudad es sencillo. Desde hacer una fotografía a un bache en nuestra acera y colgarla en ArreglaMiCalle
para que lo reporten al ayuntamiento, hasta implantar un sensor de
contaminación en el móvil para contribuir a la medición de la calidad
del aire, puesto que las compañías de telefonía
han desarrollado ya sensores que pueden proporcionar este tipo de
información, junto con otros como el nivel de ruido de tu ciudad.
El móvil puede resultar muy útil para la gestión
de catástrofes, ayudando a la localización inmediata de personas así
como a la difusión rápida de datos sobre el avance y las consecuencias,
por ejemplo, de una inundación. Este es el objetivo del instituto Instedd,
en California, que trabaja en el desarrollo de tecnologías que ayuden a
gestionar los desastres naturales y las crisis humanitarias.
Sin embargo estas funcionalidades también abren la
puerta a otros usos que pueden traspasar la frontera de nuestra
privacidad. La posibilidad de rastrear los movimientos a través del
móvil ofrece una información muy valiosa acerca de nuestros hábitos. Se
trata del Reality Mining, un concepto desarrollado por el Massachusetts Institute of Technology
basado en la recolección de datos de un amplio número de personas para
elaborar patrones de conducta y analizar comportamientos de los grupos
sociales, observando cuales son los movimientos de las personas en el
espacio urbano. La información resultante puede ser muy beneficiosa
para la comunidad, por ejemplo a la hora de diseñar espacios públicos,
equipamientos, o redes de transporte. Pero también resulta una base de
datos muy atractiva para las empresas, que podrían tener un acceso
mucho más amplio a nuestros hábitos de consumo.
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