Aprender
la Declaración Universal de los Derechos Humanos, o comprender las
causas del hambre en el mundo es mucho más sencillo si se hace a través
de juegos. La estructura de videojuego es una herramienta muy útil para
la educación, Manrais, un juego creado por una empresa vitoriana, y
FoodForce, del Programa Mundial de Alimentos de las NU son ejemplos de
ello. Las aplicaciones de programación sencillas, y la realidad
aumentada, además, abren un nuevo mundo de posibilidades de aprendizaje.
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Uno de los proyectos creado por alumnos utilizando Scratch.
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En Manrais, un videojuego desarrollado por Sugar Factory Play,
los estudiantes se encuentran con diferentes situaciones de la vida
diaria relacionadas con derechos básicos, como la justicia y la
libertad, y han de superar pruebas colaborando en grupo. Para ello, el
juego integra el uso de las redes sociales, como herramienta para que
los alumnos busquen colaboradores que les ayuden a solucionar los retos.
Food Force es
también un juego relacionado con los Derechos Humanos, aunque enfocado
a los problemas del tercer mundo. Con una estructura más compleja, los
jugadores han de hacerse cargo de una población india, y a lo largo de
diferentes pruebas, deben reconstruir zonas destruidas por un
terremoto, asegurarse de que la comida y el agua llegan a sus
habitantes, y conseguir que el pueblo sea autosuficiente. Este juego serio fue desarrollado por la WFP en 2005, y desde principios de diciembre está disponible una nueva versión, Food Force 2, también gratuita.
Son
juegos por pantallas de estructura tradicional que los alumnos
comprenden muy rápidamente, acostumbrados al funcionamiento de los
videojuegos. Yendo un paso más allá, el MIT Media Lab empezó a desarrollar en 2007 el lenguaje de programación Scratch,
una herramienta que permite a los niños desarrollar ellos mismos sus
propios juegos, animaciones y proyectos artísticos. Alrededor de
Scratch se ha ido creando una plataforma en todo el mundo, y cada año
se celebra el Día Internacional del Scratch, con encuentros donde los alumnos desarrollan juegos en grupo.
Otra
de las nuevas herramientas tecnológicas que abre enormes posibilidades
de juego es la realidad aumentada, la inclusión de una capa de datos
digitales en el entorno real. Equipados con teléfonos móviles, los
jóvenes pueden trasladar las pruebas y los retos a la calle. Ejemplo de
ello es el proyecto Frequency 1550, desarrollado por el laboratorio de innovación social holandés Waag Society, donde niños y niñas de entre 11 y 13 años recorrieron la ciudad de Ámsterdam trasladados a la época medieval.
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