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Imagen de Institute For The Future.
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El Institute for the Future ha desarrollado un mapa
de previsiones futuras en cuanto al ámbito de la sanidad y de la salud
en general, donde la tecnología tiene un papel esencial en el cambio de
comportamientos. En un futuro es muy probable que tengamos a nuestro
alrededor herramientas para mejorar la salud de formas más atractivas,
por ejemplo con simuladores y dispositivos que monitoricen las
consecuencias de nuestros hábitos o aplicaciones que indiquen las
calorías de una comida al enfocar el móvil al plato.
En general, las
herramientas para visualizar el futuro son una forma de acercar las
consecuencias a largo plazo de nuestros actos, y aunque tiene un
componente obsesivo, ver la imagen de tu futuro yo tras tres meses de
ejercicio, puede ser una motivación importante, no solo en cuanto a la
estética, sino también en cuestiones de salud, mostrando los niveles de
presión arterial o colesterol, por ejemplo.
Los juegos son también
una forma de cambiar comportamientos y en los últimos años se han
desarrollado muchos videojuegos enfocados a educar a los jóvenes en
hábitos saludables, desde aplicaciones para móvil hasta proyectos más elaborados que siguen la estructura de las plataformas multijugador.
Pero los videojuegos se están abriendo paso también en los espacios sanitarios y empiezan a formar parte de algunos tratamientos médicos.
La empresa Red Hill Games, en colaboración con la escuela de Enfermería
de la Universidad de California, ha desarrollado un juego para consola
que ayuda a mejorar el equilibrio de las personas con parkinson. Si en
los hogares, consolas como Nintendo Wii y DS han encontrado el éxito con
fórmulas basadas en actividades saludables (físicas o mentales) a
través de la diversión, estos métodos son también muy útiles en los
entornos hospitalarios, donde un juego de este tipo puede hacer que los
ejercicios repetitivos de rehabilitación resulten más entretenidos.
El componente saludable de los videojuegos puede no estar restringido a juegos especialmente diseñados para ello. Según un estudio
del profesor Christopher J. Ferguson en la Universidad Internacional de
Texas, y en contra de la mala fama que los acompaña, los juegos
violentos son una herramienta para reducir el estrés y la
depresión entre los jóvenes adultos. Otras investigaciones, en este caso
de la psicóloga Jayne Gackenbach, muestran la capacidad de este tipo de juegos para el control del sueño y las pesadillas.
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