En una charla en TED, Tom Wujec de Autodesk explicaba el proyecto The Marshmallow
Challenge, un reto que han repetido con diferentes grupos sociales y
profesionales para analizar la naturaleza del trabajo en equipo. El
concurso consiste en construir en poco tiempo una estructura lo más
alta posible en grupos de cuatro personas, utilizando espaguetis, cinta
adhesiva y cordón. El marshmallow, una golosina típica de Estados
Unidos, ha de coronar la estructura. Wujec ha realizado este reto con
estudiantes, ejecutivos y gente de diferentes profesiones, y según los
resultados, los grupos que mejor lo hacen son los niños de guardería. En
altura les superan sólo los arquitectos y algunos equipos de
profesionales, pero lo más interesante es el método que siguen los
niños. En lugar de realizar un solo plan y ceñirse a él, empiezan a
probar estructuras y van mejorándolas a medida que se caen. Los
pequeños, además, se toman el concurso como lo que es, un juego, y
disfrutan probando sin que les afecte la presión. Estas conclusiones
tienen que ver también con la capacidad creativa de los niños, que tal y
como explicaba Ken
Robinson, muere a medida que nos hacemos mayores.
Aunque Robinson habla del entorno educativo, el trabajo en general
tiene una gran capacidad para continuar esta aniquilación de las
capacidades creativas de las personas, basado en un modelo de
eficiencia donde lo importante es realizar el mayor número de horas
posible, a cambio de ofrecer al empleado incentivos económicos. Una
visión que está relacionada con lo que Pekka Himanen,
autor de La
ética del hacker, describe como la ética protestante del
trabajo, "la laboriosidad diligente, la aceptación de la rutina, el
valor del dinero y la preocupación por la cuenta de resultados". Con la
crisis económica, actualmente tener un trabajo es ser afortunado, algo
que no ayuda a mejorar la situación.
Este modelo de producción genera trabajadores desanimados, aburridos o
estresados, y resulta también perjudicial para las empresas, puesto
que desaprovechan el talento de las personas dentro de la organización,
algo que aunque parezca una obviedad, ocurre en muchas
compañías.
En el ámbito de los oficios creativos, si bien se supone que los
profesionales dedican su trabajo a aquello que les interesa, el problema
se relaciona muchas veces con el tiempo, puesto que las fronteras
entre empleo y pasión se borran y el trabajo puede llegar a vampirizar
todo el tiempo disponible, abriendo reflexiones sobre qué es trabajo y
qué no, y si es positivo que estos límites no existan.
Conseguir la felicidad
en el trabajo es una labor difícil, empezando por el hecho de que se
trata de un concepto muy subjetivo, pero los incentivos económicos no
son la única, ni siquiera la primera motivación para que las personas
se impliquen en su trabajo. Por encima de ella están otros valores como
el reconocimiento personal, una gestión
más autónoma del tiempo, la diversión
y la capacidad de influir en las decisiones.
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