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El proyecto Commons the Game usa el juego para proponer y votar mejoras en la ciudad.
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En el estudio The City as Interface, Martijn de Waal
explica que hasta ahora, la mayoría de teorías sobre el espacio público
urbano se han centrado en el territorio físico como lugar de encuentro e
interacción social. Pero los social media, y sobre todo su traslado al
móvil, han extendido la forma en que experimentamos la ciudad y
condicionan el uso que hacemos de ella, desde las simples
recomendaciones de lugares hasta las posibles capas de juego, la
información en realidad aumentada o las redes de sensores para recoger
información del entorno que promete la ciudad inteligente.
Este escenario, según el investigador en medios digitales, puede
reforzar una tendencia más amplia y ya existente, donde la gente busca
estar en contacto con grupos de intereses o identidades similares. En el
entorno de la ciudad, se trata de un "living together apart" (algo así
como un vivir juntos pero separados), un fenómeno que ya se da en muchos
vecindarios hechos de gente de orígenes y clases distintas. De Waal
pone el ejemplo de un café turco con una clientela habitual
inmigrante al lado de un moderno bar "de diseño". Geográficamente están
cerca, pero les separa una distancia simbólica muy grande.
Sin embargo, estos medios digitales urbanos tienen también la
capacidad de crear espacio público de forma diferente, "un nuevo tipo de
plataforma que ofrece temas colectivos alrededor de los cuales la gente
se puede organizar", según The City as Interface. El mapeo de
datos sobre la calidad del aire en una zona, por ejemplo, puede ser el
punto de partida para la organización ciudadana. También, las redes para
compartir coche o intercambiar objetos. Estas plataformas se convierten
en un punto de encuentro para ciudadanía de identidades diferentes,
bajo el paraguas de un interés local común.
En este sentido, The Mobile City publicaba recientemente otro estudio, Ownership in the Hybrid City,
que explora cómo los medios digitales pueden fortalecer el vínculo de
la ciudadanía en cuestiones públicas. La investigación recoge varias
tendencias, apoyadas en lo tecnológico pero donde lo importante es su
impacto social. La apertura de datos es una de ellas, y el potencial de
esos datos para convertirse en información útil y conocimiento sobre el
espacio urbano. También, la visualización de los procesos de la ciudad
que normalmente son invisibles, como herramienta para involucrar a la
ciudadanía. En este sentido hay ejemplos como Trash Track del MIT (un proyecto que monitoriza la basura) o In The Air de Medialab Prado, una iniciativa que visualizaba los niveles de contaminación del aire en Madrid.
Yendo un paso más allá, el estudio habla de la tendencia hacia un
urbanismo do it yourself, con proyectos donde la ciudadanía no solo
recibe o recoge información sino que toma partido en el diseño de
soluciones. Uno de los muchos ejemplos es el espacio DIY City, una especie de wiki-ciudad donde la gente comparte ideas y herramientas para mejorar la ciudad, o la original propuesta Environmental Health Clinic,
en Nueva York, una clínica donde las personas preocupadas por el
entorno pueden acudir para poner en marcha pequeñas soluciones en su
ámbito local.
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