Cada vez más, se considera la innovación social como la vía para solucionar problemáticas sociales, buscando nuevas ideas en un escenario donde es necesario encontrar enlaces entre servicios públicos, organizaciones ciudadanas, entidades no lucrativas y empresas sociales con ánimo de lucro. Pero ¿de dónde surge la innovación? No existen fórmulas preestablecidas, pero según el Centre for Social Innovation, ocurre en la mezcla entre los límites de diferentes sectores.
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Imagen de Centre for Social Innovation.
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La innovación difícilmente se puede dar en entornos homogéneos, con
estructuras estáticas. Normalmente emerge en las periferias, donde
chocan diferentes formas de hacer las cosas, estimulando ideas nuevas e
intercambiando conocimientos. El Centre for Social Innovation de Toronto, que
trabaja desde 2004 en el impulso de la innovación social, ha publicado
el estudio How
shared spaces are changing the world, un informe
que explica cómo los espacios de trabajo compartido pueden ayudar a
acelerar el desarrollo de ideas en el ámbito social, precisamente
porque se trata de lugares de mezcla.
El centro ha desarrollado una Teoría
del Cambio, una pirámide donde la base es la
creación de un espacio. A partir de ahí, se crea la comunidad, con los
lazos sociales y profesionales que van surgiendo al compartir el mismo
entorno, y en la punta de la pirámide se encuentra la innovación, las
ideas que surgen de ese mix de personas y proyectos que trabajan en
ámbitos distintos. Aunque no es suficiente con compartir el lugar de
trabajo, es necesario también impulsar la creación de estas redes a
través de actividades y encuentros y buscar la mezcla de personas de
diferentes sectores, como la educación, el arte, la ciencia y la
tecnología. Tal y como recoge el estudio, si los espacios son
homogéneos, no es posible salir de los propios silos.
En los últimos años han emergido muchos espacios de co-working, en
parte por la necesidad de reducir gastos, pero las razones no son solo
económicas. En el ámbito social, los problemas actuales son complejos,
la respuesta a necesidades de educación, salud, medio ambiente o
inclusión laboral no pueden encararse desde un solo ámbito. Estos
espacios ofrecen la oportunidad de conectar organizaciones y personas
diferentes, desde una desarrolladora de software hasta un experto en
pedagogía. Las entidades pequeñas, además, se encuentran muchas veces
con barreras organizacionales, que impiden desarrollar proyectos de
envergadura más grande, puesto que no tienen la capacidad y los recursos
necesarios. Estos espacios pueden servir para buscar más fácilmente
colaboradores potenciales y financiación. Tal y como recoge el estudio,
se trata de crear no solo oficinas compartidas, sino laboratorios donde
experimentar, siendo mucho más divertido e inspirador que hacerlo de
forma individual.
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