Según datos de 2009, la mitad de
los niños que nacen en los países desarrollados llegarán a los cien
años. Esto, sumado a la caída en los índices de natalidad (1,4 hijos por
pareja en España y una media europea de 1'59), presentan un futuro
demográfico dominado por personas de más de 60 años y las expectativas y
perfiles de esta población son muy diferentes a las de hace unas
décadas.
Se trata de un sector con más
estudios, puesto que en los últimos diez años se ha doblado el número de
personas de más de 50 años con carrera universitaria, y con unas
expectativas de salud diferentes, viviremos más años aunque acarrearemos
al menos una enfermedad crónica durante las últimas décadas, algo que
con los avances sanitarios, tecnológicos y de servicios no tiene por qué
significar una pérdida de la independencia. También el ámbito del
trabajo se transformará, puesto que una de las tendencias de futuro es
la ampliación de la vida laboral.
El profesor Joseph F. Coughlin, director de AgeLab en el Massachusetts Institute of Technology, hablaba en una reciente charla
acerca de las implicaciones sociales, tecnológicas y económicas de este
cambio demográfico. Uno de los principales cambios está en las
expectativas de este sector de población. Según las investigaciones
realizadas por el laboratorio, el 89% de la gente de más de 60 años
considera viajar y seguir estudiando o aprendiendo como sus máximas
aspiraciones, el 79% quiere realizar actividades voluntarias y el 62%
seguir trabajando. La gran mayoría además reclama mejoras en los
tratamientos de salud para poder seguir activos durante sus años de
jubilación.
Según Coughlin, uno de los retos está en la movilidad, algo esencial para mantener la
independencia. En el ámbito privado, el futuro va hacia automóviles más
pequeños para dar respuesta al aumento de hogares unifamiliares, y a una
mayor investigación para facilitar la conducción, con sistemas de
asistencia y de autoevaluación. En cuanto al transporte público, crece
la demanda de soluciones más personalizadas, por ejemplo con pequeñas
líneas o transporte a demanda frente al transporte mayoritario. El
consumo también se transforma, con una ampliación de la compra online y
de productos de menos tamaño en lugar de los paquetes familiares,
mientras que en el sector laboral, se hacen necesarias opciones más
flexibles, como el teletrabajo y las jornadas reducidas así como la
adaptación de los entornos laborales y las funciones a las personas de
más edad.
Pero si un ámbito tiene más camino
por recorrer es el de la salud, con el desarrollo de sistemas de
tecnología inteligente que permitan monitorizar nuestro estado de salud
desde el hogar, permitiendo alargar la independencia. Coughlin ponía
como ejemplo curioso los lavabos inteligentes
que analizan las deposiciones. Estos aparatos podrían estar conectados a
los servicios sanitarios, enviando los análisis periódicamente o
incluso darnos información acerca de la dieta que deberíamos seguir.
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