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Ámbitos de investigación en innovación social considerados en el
análisis.
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Aunque el concepto de innovación está todavía muy ligado a los
ámbitos empresariales y tecnológicos, la innovación social ha tomado
fuerza en los últimos años en Euskadi, prueba de ello es que según el estudio, hay
cerca de 770 agentes con más de 120 grupos de investigación en
innovación social. El informe elaborado por Deloitte e Innobasque se
centra solo en el estudio de los organismos y proyectos investigadores,
no en las experiencias y agentes que están trabajando en este campo, y
tiene como objetivo mapear el estado actual de la innovación social en
Euskadi, identificar organismos interesantes a nivel internacional y
proponer estrategias de futuro.
Resulta difícil dar con una definición consensuada de lo que
significa innovación social, por ser un término relativamente reciente y
porque incluye ámbitos muy diversos que mezclan sector público y
privado, que van desde el emprendizaje social y el tercer sector hasta
iniciativas que emergen de la propia ciudadanía. El informe propone
como definición aquellas actividades y servicios, intervenciones
sociales y modelos de negocio que crean transformaciones sociales o
dinamizan alternativas, donde se unen fuerzas de diferentes disciplinas.
Precisamente esta falta de una línea o estrategia consensuada es uno
de los problemas que destaca
el estudio, puesto que no se ha conformado todavía un sistema integrado
de innovación social y existe cierta dispersión en la investigación.
Por otro lado, esto facilita que haya mezcla de disciplinas y actores y
abre la reflexión de si es necesario establecer límites concretos
acerca de lo que es o no innovación social.
En cuanto a las estrategias de futuro, el informe propone priorizar
las líneas de investigación transversales que tengan potencial
catalizador y que puedan trasladarse a proyectos concretos, la inclusión
de agentes de otros ámbitos en las investigaciones y la creación de una
red social para favorecer el intercambio de conocimiento, puesto que
aunque hay muchos proyectos, existe poca coordinación y colaboración
mutua.
Aunque la publicación tiene la intención de ser un documento abierto a
la transformación, tal y como destacaba Aitor
Bediaga, sería interesante completar el estudio con el análisis de
otros centros de investigación más allá del ámbito europeo y
norteamericano. También, ampliar el mapeado hacia agentes que están
generando conocimiento a través de la experimentación, como podrían ser
los living labs y urban labs, y los proyectos
prácticos emergentes llevados a cabo por colectivos ciudadanos locales.
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