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The Copia.
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Entrar a una librería, escoger entre una infinidad de títulos y
recibir en pocos minutos un ejemplar en papel recién editado. Es una
situación más que probable si se expanden las máquinas del estilo Espresso Book Machine,
una impresora presentada el año pasado en la Feria del Libro de Londres
que permite crear ediciones individuales de forma casi instantánea. No
es el único ejemplo en cuanto a autoedición de libros, en la Red se han
expandido empresas que permiten publicar ejemplares con tiradas muy
pequeñas y a bajo coste, como es el caso de Bubok,
dando la oportunidad a escritores poco conocidos de ver su obra impresa
en papel. Aunque a menudo estas autoediciones no consigan difundirse
mucho más allá de amigos y familiares, lo cierto es que nunca había
sido tan fácil publicar, ya sea en digital o en papel.
Frente a la desconfianza de algunos editores ante el futuro digital, muchos escritores
ven muy positivo este escenario, sobre todo porque amplia las
posibilidades de acceder al público, cuando hasta ahora el margen del
sector editorial era muy estrecho. Con la expansión de los libros
electrónicos, parece probable la pérdida de influencia de las grandes
editoriales, aunque la inmensa cantidad de obras que pueden publicarse
en la Red sobrepasa a cualquiera y seguimos necesitando filtros de
selección. Según el editor y fundador de The New York Review Jason Epstein,
esta labor pasará a manos tanto de Amazon y Google como de páginas web
de confianza, donde los libros sean evaluados por críticos, y a
espacios de redes sociales y grupos de lectores. En Estados Unidos, por
ejemplo, se lanzó a principios de año The Copia, un espacio que mezcla red social y venta de libros, donde los usuarios comparten, recomiendan y comentan sus lecturas.
La
edición digital provoca nuevas situaciones, como no tener que esperar
para alquilar un libro muy solicitado en la biblioteca, o acceder a
títulos ya descatalogados: desde principios de febrero, la Biblioteca
Británica permite la descarga digital de obras del siglo XIX, ya sin
derechos de autor. Se abren también posibilidades de negocio como el
alquiler de títulos, que tal y como demostró Amazon, podrían borrarse del soporte electrónico una vez leídos.
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