La llegada de la web social ha obligado al discurso político a abrirse a un mayor número de oradores y a convertirse en un proceso más participativo que representativo. Una creencia popular que Matthew Hindman no comparte tras analizar cerca de tres millones de sitios web y constatar que Internet no sólo no ha conseguido ampliar el debate, sino que ha fortalecido a un pequeño número de élites, algunas nuevas, pero la mayoría ya conocidas.
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| Portada del libro de Hindman sobre los mitos de la democracia digital. |
El estudio realizado por el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Arizona es uno de los primeros informes cuantificables que trata de aclarar si de verdad Internet es una herramienta que ha cambiado el panorama político y lo ha vuelto más democrático. Su conclusión tras analizar miles de blogs políticos, medios en línea o el funcionamiento de buscadores como Google o Yahoo! es que, en general, las nuevas élites de la era digital siguen siendo iguales a las de antes: varones blancos de clase media alta y estudios superiores.
Lo que no se niega es que la Red crea nuevas formas de organización social con sus propias jerarquías. Unas estructuras que en la mayoría de los casos interactúan de manera más o menos evidente con las tradicionales, como es el caso del gran número de bloggers que cuando adquieren cierta relevancia son contratados por grandes grupos de comunicación tradicional.
Otras dudas muy diferentes fueron las que en su día dejó la revolución verde iraní. Analistas de todo el mundo alertaron en un primer momento que el altavoz que suponen las redes sociales y Twitter no tiene que representar la verdadera voluntad popular, sino que pueden estar controladas por una minoría muy ruidosa. En segundo lugar, se pudo comprobar las dificultades de plasmar una revolución digital en un cambio en las calles.
Como indica Matthew Findman, para comprender verdaderamente el cambio que puede sufrir la política con la llegada de las nuevas tecnologías participativas, primero hay que olvidarse de los evangelistas de la red y comenzar el debate teniendo en cuenta cómo se gobierna actualmente cada región del mundo. En otras palabras, empezar cambiando la política desde lo más plausible y cercano, como intentan algunas iniciativas ciudadanas similares a Politika 2.0.
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