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Imagen del proyecto Locally Pure, de Laura Morris.
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En varias cadenas de supermercados se ha extendido
la práctica de cobrar las bolsas de plástico de un solo uso, en algunos
casos ofreciendo alternativas reutilizables. Es una medida claramente
efectiva, puesto que todos los clientes se lo piensan dos veces antes
de coger más bolsas de las necesarias, y un ejemplo de cómo una
iniciativa empresarial puede hacer cambiar nuestros hábitos.
La reducción de los residuos es una de las
condiciones básicas para prevenir el calentamiento global y requiere de
un cambio en la cultura de la abundancia y del usar y tirar,
tan extendidas en las últimas décadas en los países desarrollados. Para
ello, muchas veces la buena voluntad de la ciudadanía no es suficiente,
son necesarias también medidas disuasorias y regulaciones que potencien
hábitos más responsables. En el caso de las bolsas de plástico, por
ejemplo, la ciudad de San Francisco decidió prohibir su uso en los grandes comercios en 2007 y desde entonces cada mes se consumen 5 millones de bolsas menos.
El uso de envases innecesarios no sólo genera
grandes cantidades de basura al año, tiene detrás un sistema de
producción y distribución que supone la emisión de toneladas de CO2 y
un elevado coste económico para las compañías. En el sector empresarial
se están extendiendo iniciativas para reducir estos gastos, aunque la
mayoría de las ideas están todavía en el departamento de innovación y
desarrollo. Es el caso de la empresa Unilever, que está estudiando la
posibilidad de vender productos de forma concentrada,
para que sea el cliente quien los mezcle con agua (muchas veces el 90%
de la composición). También barajan la posibilidad de vender algunos
productos sin envase, a través de máquinas expendedoras situadas en los
supermercados, siendo el cliente el encargado de llevar la botella
vacía. Un concurso organizado en 2009 por RSEA
(Royal Society for the encouragement of Arts, Manufactures and
Commerce) en colaboración con varias empresas, retaba a estudiantes
a dar con diseños más sostenibles para los productos. La ganadora,
Laura Morris, presentó el proyecto Locally Pure, una línea de champús
pensada para que se fabrique de forma artesanal en comunidades locales.
La empresa ofrecería el kit necesario, así como recetas y
asesoramiento, y comunidades o comercios a pequeña escala podrían crear
el champú, personalizándolo según los productos autóctonos de la zona.
En cuanto a iniciativas creadas por la propia ciudadanía, está en marcha en Internet la campaña TAkeOutWithOut,
que tiene por objetivo reducir los residuos de envases en la comida
para llevar. Es un proyecto que se centra en Estados Unidos, pero que
puede trasladarse a cualquier otro país, e intenta concienciar tanto a
la gente como a los restaurantes, promoviendo entre otras cosas que los
establecimientos animen a los clientes traer sus propios recipientes
de plástico para rellenarlos allí.
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