La filosofía de las comunidades de aprendizaje consiste en hacer partícipes a familiares y voluntarios en la educación de los alumnos dentro de las escuelas. A través de talleres, los adultos enseñan sus conocimientos y oficios y participan en las actividades escolares, ampliando el aprendizaje y reforzando las redes sociales. Euskadi es una de las comunidades que más ha impulsado este modelo de aprendizaje, con 22 centros de los cerca de 60 que existen en el Estado español. El último en sumarse, dentro de la comunidad de Madrid, ha sido la escuela infantil municipal Una casa de niños, en Villaconejos.
Colaborar en clases de castellano para inmigrantes, llevar a cabo actividades extraescolares o ayudar a los alumnos en las aulas de repaso son algunas de las funciones que desempeñan padres y voluntarios dentro de las comunidades de aprendizaje, basadas en la interactividad. Las familias además se implican en la organización y gestión del centro, a través de comisiones de trabajo.
El modelo de comunidad de aprendizaje surgió a finales de los años 70 en la Escuela de Adultos de la Verneda, en Barcelona, y actualmente se aplica también en centros de educación infantil, primaria y secundaria, siendo Euskadi, junto con Cataluña, los territorios donde más se aplica este modelo.
El proyecto se basa en un aprendizaje dialógico, buscando superar las jerarquías entre padres, profesores y alumnos, y reforzando los lazos de la comunidad para evitar la insolidaridad y la violencia.
La Universidad del País Vasco, junto con CREA, son algunas de las principales entidades que fomentan la creación de comunidades de aprendizaje, ofreciendo formación a las escuelas y familia.