Vivimos en una sociedad abocada a la
cultura del usar y tirar, acostumbrada a renovar y desechar cada poco
aquellos objetos que usamos en el día a día. Se trata de un modelo que
resulta insostenible, siendo necesario que diseñadores y fabricantes
vuelvan a crear productos duraderos.
Conceptos como el precio, la
durabilidad, la belleza, la funcionalidad o el valor sentimental hacen
que nos resulte más difícil deshacernos de un determinado objeto, con
la ventaja implícita que esto supone: evitar su sustitución por otro
equivalente que tendrá que ser fabricado, almacenado, transportado y
comercializado, reduciendo así la saturación de los vertederos y
nuestra huella medioambiental. Se trata de un concepto poco atractivo
para el modelo económico actual, basado en la búsqueda del máximo
consumo, pero puede abrir las puertas a nuevos modelos de negocio más
sostenibles.
Griffith sugiere como ejemplos de
diseño heredable los relojes Rolex y las estilográficas Montblanc o,
también dentro de la categoría de productos de lujo, las funcionales
navajas del ejército suizo. Algunas empresas, como la marca de ropa
británica Howies, ya han empezado a adoptar esta filosofía como fruto
de una estrategia comercial, que se basa tanto en la creciente
preocupación ciudadana por el medioambiente como en la situación actual
de crisis económica.
Los diseñadores tienen ante sí el reto de crear objetos duraderos, funcionales y atractivos, tanto para sus consumidores actuales como para las generaciones venideras.
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