 |
|
Vídeo en stop motion hecho con figuras impresas en 3D.
|
Los expertos auguran la expansión del coche eléctrico para el 2015.
Pero un par de años antes, en Alemania, se lanzará el primer automóvil
eléctrico hecho en código abierto. Un hecho que no tiene muchas
consecuencias en términos energéticos, pero sí de tendencias en
manufactura y producción, en este caso en el mundo automovilístico. El
vehículo se llama StreetScooter,
y está previsto que salga al mercado alemán en 2013, con un precio que
ronda los 5.400 euros, una velocidad máxima de 119 km/h y 130 kilómetros
de autonomía. Tal y como recogía la revista Fast Company,
lo más destacable de este coche no son sus características (aunque el
precio está muy por debajo de los modelos eléctricos actuales), sino el
hecho de que se ha diseñado y construido siguiendo una metodología de
código abierto. StreetScooter ha sido creado en colaboración entre 50
empresas, casi todas de tamaño mediano o pequeño, y cada una de ellas se
ha encargado de diseñar y manufacturar una parte, en un esquema
horizontal. Eso da la vuelta a la forma en que habitualmente se
proyectan los modelos de automóvil (y muchos otros productos
manufacturados de cierta complejidad). En lugar de que una sola compañía
dicte las características, han sido todas las empresas participantes
quienes han aportado ideas, dando más espacio a la innovación. Como
consecuencia de esta forma abierta y modular de producción, los
vehículos son fácilmente customizables por sus usuarios, antes y después
de comprarlos.
Aunque este no es el primer automóvil que se construye bajo esta idea. En 2009, la empresa norteamericana Local Motors
lanzó el concurso Rally Fighter para usar la inteligencia de las masas
en el diseño de un coche. Esta compañía ha colaborado
recientemente con la agencia de defensa norteamericana DARPA en el diseño de un vehículo de asalto siguiendo la misma metodología.
Estos experimentos marcan una
tendencia hacia sistemas de producción post-industriales, en el sentido
que el diseño y manufactura ya no tienen por qué estar acotados a
grandes empresas, sino que se pueden distribuir e incluso dejar un
margen a la autoconstrucción por parte de usuarios o pequeños
distribuidores. El caso de las impresoras 3D es un ejemplo emblemático,
y recientemente una pequeña compañía norteamericana, Makerbot, lanzaba
un modelo nuevo que permite imprimir objetos en casa, a partir de
esquemas descargables en Internet y en código abierto. The Replicator,
así se llama la nueva impresora, ronda los 1.400 euros, y aunque a
nivel doméstico su uso puede ser un poco anecdótico, sí es una
herramienta muy útil para entornos educativos de diseño e ingeniería,
así como para pequeños emprendedores que quieran manufacturar sus
propios productos.
También puede interesarte: