Mientras los adultos han adquirido una autonomía
absoluta en el entorno urbano, con el coche como protagonista, los
niños han ido perdiéndola, trasladados a lugares seguros y vigilados,
el colegio, el hogar, el gimnasio,... El proyecto Camino Escolar
pretende devolver los niños a la ciudad, demostrando que desde los seis
años los pequeños pueden ir sin adultos al colegio, con la colaboración
de los diferentes agentes del barrio.
Tal y como explica Francesco Tonucci, pedagogo e impulsor del proyecto La Citta dei Bambini,
la autonomía de los niños en su propia ciudad se ha reducido
drásticamente en muy poco tiempo, perjudicando así no sólo sus
posibilidades de educación y creación de lazos sociales con el barrio,
sino también a la propia urbe, puesto que "una ciudad sin niños es
peor". Las actividades lúdicas en la calle se han trasladado a lugares
seguros y acotados bajo supervisión adulta, privando a los niños de la
posibilidad de adquirir experiencias y compensándolas con objetos,
cuando, según Tonucci, "el juego no se puede comprar, y al juego hay
que ir solos". El hecho de realizar actividades en el espacio público
otorga a los niños un grado de autonomía muy importante, y además hace
que la ciudad sea más habitable, puesto que el propio barrio -los
vecinos, los comerciantes,...- se hace cargo de los pequeños. Algo que
hasta hace 30 años era lo más habitual.
El proyecto Vamos solos a la escuela
empezó a funcionar en Roma, y tras cuatro años se ha demostrado que
alumnos de seis y siete años pueden realizar los trayectos a pie sin
problemas. De esta forma, los pequeños no sólo empiezan a sentirse
ciudadanos de su barrio, también aprenden hábitos saludables y
responsables con el medioambiente, acostumbrándose a andar en lugar de
utilizar el coche, "parece que la ciudad esté educando futuros
conductores", explica Tonucci. El Camino Escolar es un primer paso,
puesto que a partir de ahí los niños pueden empezar a realizar otros
trayectos cortos recuperando la capacidad de habitar la ciudad.
La iniciativa requiere de la colaboración de la
propia escuela, quien tiene que asumirlo como parte del programa
escolar, de las familias y de las personas adultas del barrio. Se
elaboran rutas seguras y se incluye también a los comerciantes del
entorno, quienes tienen un papel esencial puesto que son personas a
quienes los niños pueden acudir fácilmente en caso de se encuentren con
algún problema. De esta forma se generan lazos de responsabilidad,
consiguiendo barrios más seguros. La prueba está en Buenos Aires, una
ciudad con un alto índice de delincuencia que en 2001 puso en marcha
esta iniciativa. Tras cinco años, la criminalidad en las rutas ha
descendido en un 50%. Si bien en nuestras ciudades el mayor peligro
viene del tráfico, las escuelas que participan ofrecen a los alumnos
clases de seguridad vial y marcan las rutas con señales visibles para
los coches.
Barcelona
ha sido la primera ciudad del Estado en realizar Caminos Escolares, con
cerca de 50 rutas que el alumnado recorre cada día sin que necesite la
vigilancia de familiares o profesores. También en Euskadi se han puesto
en marcha experiencias piloto, principalmente en San Sebastián, donde se ha organizado el Camino Escolar como actividad temporal en los barrios de Altza y Martutene.
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