El concepto de sostenibilidad aplicado a la ciudad
se relaciona en muchas ocasiones con soluciones tecnológicas que
permitan seguir el mismo modelo, pero consumiendo menos energía. El
coche eléctrico, la construcción de edificios eficientes e incluso las
huertas en el entorno urbano son innovaciones que disminuyen la huella
ambiental, pero por sí solas no son suficientes.
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Vídeo Food City del think tank
The Why Factory.
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La media de consumo de
alimentos a nivel mundial es de 850 kilos al año por persona. Según el
think tank holandés de arquitectura y ciudad The Why Factory, cada habitante necesitaría 1.288 m2 de tierra
para poder producir los alimentos que consume anualmente, y si esto se
multiplica por los habitantes de una ciudad, las cifras hacen imposible
trasladar el modelo agrícola y ganadero al interior de las urbes. En torno a la idea de los huertos urbanos han surgido muchas iniciativas, desde los proyectos dirigidos a las personas jubiladas,
con fines sobre todo sociales y lúdicos, hasta diseños arquitectónicos
de granjas verticales, que podrían integrarse en el centro de una
ciudad. En este sentido uno de los pioneros es el profesor Dickson
Despommier, que lleva años trabajando en el proyecto Vertical Farms y que ha inspirado otras iniciativas más modestas, como la construcción de un edificio granja en Seattle, que está todavía en el aire.
A día de hoy, la ciudad no puede acoger las
estructuras necesarias para generar todos los alimentos necesarios
hasta el punto de ser autosuficiente, aunque eso no significa que los
huertos urbanos no sean una buena idea, a pequeña escala pueden
proporcionar parte de los alimentos y sobre todo, ser una alternativa
para la reutilización de espacios vacíos, el fomento del consumo local
y la toma de conciencia ciudadana acerca de los procesos de producción
agrícolas y ganaderos.
El editor de WorldChanging, Alex Steffen, apostaba en un reciente artículo por la idea de la des-industrialización de la ciudad. Tal y como explica Steffen, algunas soluciones que hoy están encima de la
mesa pueden resultar positivas a medio plazo, pero no conllevan una
reducción suficiente de CO2 y pueden frenar otros procesos más
efectivos. Es el caso de los coches eléctricos, que si bien son mucho
más ecológicos y sostenibles que los automóviles de gasolina, siguen
ligados a unos factores que son los mismos, como su manufactura y
transporte, o la construcción y mantenimiento de las carreteras. Se
trata de un avance importante, pero según
Steffen, el futuro de la sostenibilidad está en innovaciones más
disruptivas que pasan también por un cambio en los hábitos y en la
propia configuración de los entornos urbanos, un futuro que está
todavía por inventar.
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