El hazlo tú mismo está revolucionando el ámbito de la ciencia como una forma de organización y creación colectiva. Con herramientas y conocimientos en abierto, profesionales y amateurs pueden realizar proyectos innovadores que hasta ahora estaban sólo al alcance de grandes compañías. Ciencia y tecnología de garaje, que no se basa en grandes financiaciones sino en la curiosidad, la reutilización y el espíritu hacker.
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SpikerBox, de
Backyard Brains, muestra con sonidos los impulsos eléctricos de las
neuronas.
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En 2002 el mecánico retirado José Alano puso en práctica sus
conocimientos de ingeniería para construir un panel solar
que calienta agua tan sólo utilizando botellas de plástico y bricks de
leche. El panel no necesita electricidad puesto que funciona a partir
de las diferentes densidades del agua y consigue ahorrar un 30% de
energía. Desde que el brasileño Alano dio con este invento,
ha estado organizando talleres en centros sociales, escuelas y
asociaciones de todo el país, y hoy en día cerca de 7000 personas han
construido sus propios paneles para calentar agua en el tejado de sus
casas, reaprovechando desechos y sobre todo ahorrando en las facturas
de electricidad.
En el caso de este panel solar, no se requieren demasiados
conocimientos científicos, aunque sí ingenio, pero la cultura del hazlo
tú mismo se ha expandido también en ámbitos más especializados, y
muchos espacios en la Red comparten
información acerca de cómo construir dispositivos electrónicos, robots o
incluso electrodomésticos
artesanales. Una de las revistas más conocidas para los amantes del
hackeado de aparatos es Make, un
espacio que traslada la pasión del bricolaje a las últimas tecnologías y
la ingeniería, explicando, por ejemplo, cómo construir un lápiz
conductor para el iPad en pocos minutos. El editor de esta revista, Mark Frauenfelder,
ha publicado recientemente Made
By Hand, un libro que reivindica la diversión que supone
construir por nosotros mismos en lugar de comprar. Uno de sus inventos
es la construcción de una guitarra de tres cuerdas y un amplificador,
utilizando madera y una caja de cigarros. Según Frauenfelder, se trata
de cultivar esa curiosidad innata de las personas para buscar
soluciones nuevas a partir de objetos obsoletos.
En áreas como la producción de contenidos audiovisuales, el
abaratamiento de las herramientas y la posibilidad de publicar en
plataformas online ha democratizado la creación de nuevos productos y
algo parecido está pasando también en el campo
científico. Las técnicas de fabricación digital, así como el
hardware y software en open source permiten a profesionales y
expertos amateurs a título individual realizar proyectos científicos
que hasta no hace mucho estaban restringidos a los departamentos de
investigación de las grandes empresas. Esta democratización de la
ciencia no sólo ofrece nuevas formas de aprendizaje, también favorece
la creación de nuevas empresas. Es el caso de dos estudiantes de la
universidad de Michigan, que han puesto en práctica sus conocimientos
de ingeniería y neurociencia para crear la compañía Backyard Brains, una empresa
que desarrolla kits para estudiantes que muestran cómo funciona el
cerebro, con dispositivos que cuestan hasta cien veces menos que sus
equivalentes tradicionales.
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