Según un reciente estudio de la Universidad de Massachusetts, construir carriles-bici crea más empleo que proyectar carreteras para automóviles. Pero más allá de este dato, la bicicleta se presenta como modelo de desarrollo económico alternativo, que fomenta el comercio local, el ahorro y además, la felicidad.
Tal y como explica Elly Blue, activista de la bicicleta, en el artículo How bicycling will save the economy,
sustituir el coche por la bici supone un ahorro de entre 3 mil y 12 mil
dólares al año. Son cálculos hechos en el marco norteamericano, pero en
definitiva se trata de sumar los gastos anuales en gasolina,
mantenimiento y seguro del automóvil para obtener el ahorro que
supondría vivir sin coche propio. Es una opción válida solo para quienes
viven relativamente cerca de sus lugares de trabajo y tienen a su
disposición una amplia red de carriles bici y servicios públicos de
transporte, pero tal y como explica Blue en Bikenomics,
la extensión de la bicicleta como medio de transporte en la ciudad
supone una fórmula para fomentar la economía local y aumentar el nivel
de bienestar de la ciudadanía. En primer lugar, porque las distancias se
reducen y las personas utilizan los servicios y establecimientos en un
radio más cercano, revitalizando así la vida comercial, lúdica y social
de la comunidad. En cierto sentido, el dinero que se dedica al
mantenimiento del automóvil se trasladaría a otros usos, que revertirían
en la economía local en lugar de ir a grandes compañías o cadenas
internacionales. Por otro lado, los beneficios ambientales y en la salud del uso de la bicicleta son obvios.
En el ámbito económico, la Universidad de Massachusetts
realizó un estudio este verano según el cual la construcción de
carriles bici es una buena forma de revitalizar el empleo local.
Mientras que la construcción de carreteras para automóviles crea 7'8
puestos de trabajo por cada millón de dólares, para crear un carril bici
se necesitan 11'4 trabajadores, un 46% más. El ejemplo de Nueva York demuestra además que potenciar una movilidad basada en la bicicleta no es una opción válida solo para ciudades pequeñas.
En cuanto a la calidad de vida vinculada a la movilidad, tal y como explica Jonah Lehrer en Commuting,
los trayectos diarios de casa al trabajo juegan un papel más importante
de lo que creemos en nuestro nivel de felicidad. Al elegir nuestra
vivienda, pesa mucho más el entorno y las dimensiones del inmueble que
la distancia al lugar de trabajo, un mal menor que creemos compensar con
los beneficios de tener más metros cuadrados. Sin embargo, según los
economistas suizos Bruno Frey y Alois Stutzer,
la persona que tiene que conducir una hora al día ha de ganar un 40%
más para sentirse satisfecho con su vida frente a quien va andando o en
bicicleta a su oficina, puesto que estos trayectos diarios se
convierten, para muchas personas, en el momento más infeliz del día.
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