¿En qué consiste el hardware social?
Yo vengo del urbanismo y la
arquitectura, donde la preocupación por el espacio público es una
constante. Actualmente estos espacios están experimentando una
transformación que incluso hacen que nos debamos replantear su
concepto. Las relaciones sociales públicas, el roce en la calle ha ido
cambiando en la medida en que nuestra forma de vida cambia. Las
ciudades han crecido un montón y eso ha contribuido a la dispersión
urbana, por otro lado se ha producido una especialización según sus
usos y tipos. Antes confluían en la calle el carnicero con el alto
ejecutivo y el que vende verdura, ahora en cambio tenemos zonas
tecnológicas, zonas industriales, y eso también frena la interacción
urbana.
Luego está el uso propio que hacemos de la
tecnología. Hay quien sostiene que internet y demás está ampliando la
comunicación social que tenemos y eso no lo cuestiono, pero por lo
menos lo que hace es trasladar esa comunicación del espacio físico al
espacio virtual. El hecho que estemos todo el día conectados a internet
con el ordenador, la pda, el móvil e incluso aislados con el mp3 hace
que perdamos algo en interacción social física, en conversación en la
calle.
El germen del hardware social surge con esta
preocupación, con la idea de utilizar la tecnología para ayudar a
recuperar el espacio público como lugar de encuentro, usarla desde un
punto de vista humanista.
Esto se traduce en instalaciones interactivas situadas en espacios públicos y basadas en tecnología.
Se trata siempre de instalaciones duales. Hardware
social no quiere decir poner tecnología en la calle y esperar que lo
use la gente, porque una cabina de teléfonos también podría
interpretarse así. Lo que pretendemos es volver a generar canales de
comunicación entre lugares, pero siempre de forma pública y visible.
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Imagen virtual del proyecto Tokatu.
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Vuestro proyecto Tokatu es un buen ejemplo de esto. ¿En qué consiste?
Como decía, trabajamos con la tecnología, la
creatividad y el espacio público y en el centro están siempre las
personas, más concretamente las emociones. Dentro de la preocupación
por recuperar el rastro de los ciudadanos en la calle surgió la idea de
crear un lienzo que permitiera a la gente percibir la existencia de
otras personas situadas en otros lugares de una forma visual y muy
básica. Quise hacerlo utilizando las manos, que es el símbolo universal
de la inocencia, además de ser lo que tradicionalmente nos ha definido
como individuos, con las huellas dactilares. También me interesó porque
son la primera expresión artística del ser humano, en la prehistoria,
los hombres y mujeres dejaban su rastro marcando la silueta de sus
manos con tinta.
A partir de ahí lo que hicimos fue aplicar las
tecnologías táctiles. Así, el proyecto Tokatu consiste en situar un
lienzo, por ejemplo en Bilbao, y otro en San Petersburgo o Australia, y
hacer que la huella que yo marco aquí, o aquello que yo quiera dibujar
o escribir con el dedo, aparezca allí en tiempo real. Esta huella va
desapareciendo poco a poco, de forma que se sabe quien ha escrito qué,
desde donde y cuando, en un lenguaje que es universal y uniendo
personas que están alejadas.
Lo que hago casi siempre es situar lienzos a nivel urbano para convertir al ciudadano en artista.
¿En qué punto está este proyecto?
Ya ha finalizado la fase de investigación y ya
está presupuestado, así que podría instalarse en el espacio público en
un corto espacio de tiempo. He hablado con gente de San Francisco y,
para empezar, mi intención es colocar uno aquí en Bilbao y otro allí, a
ver qué tal funciona.
Dentro de la edición de Disonancias 2007-08 Cuantics Creatives colaboró con la fundación Ikertia de promoción de I+D+I para desarrollar el proyecto Metrocardiograma,
donde se unen el hecho de situar desfibriladores en espacios públicos
con la idea de captar el pulso de la ciudad. ¿Cuál ha sido el resultado
de esta colaboración?
Metrocardiograma está formado por metro, de
ciudad, y cardiograma como estado de la ciudad. Me preocupa bastante el
tema del pulso de las áreas urbanas, entendiendo por esto la cantidad
de variables que pueden afectar a la calidad de vida en una ciudad.
Ikertia quería implantar desfibriladores públicos y, dentro de
Disonancias, la fundación lanzó el reto de hacer propuestas
relacionadas con el pulso de las personas, así que les propuse el
Metrocardiograma, un lienzo que se sitúa en espacios sin uso como las
medianeras de los edificios y que refleja el pulso de la ciudad a
través de unas variables que tienen que ver con la contaminación, la
densidad de tráfico, el ruido, y también con otras variables
subjetivas, como puede ser el resultado del partido del athletic. En
función de esto, la instalación emite una señal lumínica, un susurro,
como le llamo yo, de manera que sirve para concienciarnos sobre el
estrés que tenemos y poderlo corregir. La idea de fondo se basa en el hecho de que el
ritmo de la música afecta a nuestro pulso cardíaco, puesto que el
corazón tiende a adaptarse a él. Nosotros queríamos hacer lo mismo pero
con luz.
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Proyecto Metrocardiograma.
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Otro proyecto que tenéis en marcha
dentro del uso de espacio público es el de El día de la Ría, que se
basa también en el concepto de lienzo.
La idea nace de nuestra voluntad de revalorizar la
importancia de la ría el entorno metropolitano de Bilbao, que se ha ido
quedando sin uso. A partir de ahí surgieron una serie de propuestas
cuadradas bajo el nombre de El día de la Ría, con el objetivo de que la
gente se acerque a ella y sonría. Una de ellas consiste en situar unos
globos de helio gigantes para que los artistas locales los usen como
lienzos esféricos, atrayendo las miradas y recuperando la ría como
lugar de encuentro. El proyecto se presentó hace un par de años y gustó mucho, aunque todavía está pendiente de hacer.
La mayor parte de vuestros proyectos
están enfocados a buscar nuevos usos sociales del espacio público.
¿Cómo crees que debería ser éste?
Hace poco leía una metáfora en un libro que decía
que las aceras de nuestra ciudad son como el ancho de banda de nuestras
comunicaciones y el espacio público son los lugares de encuentro, los
foros. De un tiempo a esta parte se ha incorporado una nueva dimensión
al espacio público, que es el espacio virtual. La idea es que para
hacer buenos espacios en el futuro habrá que considerar esta nueva capa
virtual. No se trata de exaltar lo virtual por encima de lo público, ni
lo físico tampoco, sino intentar fusionarlas, y ahí aparece el hardware
social, que lo que propone es crear puntos de contacto visibles y
públicos entre estas dos dimensiones.
Todavía es una cosa innovadora, pero en realidad
no es más que tecnología aplicada, como puede ser un martillo, lo que
pasa es que llama mucho la atención, y en la medida en que el urbanista
y el arquitecto son los que se preocupan por la gestión de los espacios
públicos, son herramientas que vamos a tener que interiorizar.
A mi me gusta mucho hablar del papel del
arquitecto en internet y el papel de internet en la arquitectura,
porque creo que es una relación que no se puede obviar y que es muy
fértil. También pienso que los arquitectos deberíamos tener mucho que
decir en el espacio virtual porque se supone que somos expertos en
gestión de complejidad, de flujos y sistemas y el hecho de crear
entornos virtuales tridimensionales en los que la gente se sienta
cómoda puede marcar la diferencia.
Las interrelaciones virtuales van a afectar a cómo pensamos y como vivimos las ciudades.
¿Existe el riesgo que esta tecnología aplicada a espacios públicos pueda transformarse en publicidad?
Cuando aparece el martillo por primera vez, se
puede utilizar de diferentes formas. Se puede usar tanto para construir
como para destruir. Yo creo que al final las virtudes o inconvenientes
no están implícitos en la tecnología sino en el uso que se haga de ella.
Existe un riesgo muy alto de que sirva para buscar
formas de publicidad y de spam urbano, un tema que no me interesa y del
que huyo porque me parece indignante. Pero eso no depende de la
tecnología sino del usuario de la tecnología, del cómo lo usemos.
En vuestro blog hablas del concepto de desaprender como una vía para poder ser más creativos.
Como laboratorio creativo, gran parte de nuestro
trabajo es dar asesoría a centros tecnológicos y a otras empresas que
tienen que ver mucho con la tecnología y a veces también con espacios
públicos, así que el papel de la creatividad, cómo funciona y cómo la
comunicamos me interesa muchísimo, y aquí lo de desaprender es
fundamental.
Miró, que es el autor de este concepto, decía que
debemos intentar recuperar la visión fresca de los niños. La
creatividad es una actitud que tiene que ver mucho en modificar nuestro
comportamiento y adaptarnos a los cambios que vienen. Los niños son muy
creativos porque no tienen prejuicios, no tienen una estructura ni unas
rutinas mentales prefijadas y se permiten asociaciones muy frescas
entre todo lo que ven y lo que imaginan. Para ser creativos, para
proponer nuevas interpretaciones o ver las cosas de una forma diferente
hay que recuperar esa visión.