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Charlas en el interior de la Casa Ziriza.
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M-etxea forma parte de la red de Arquitecturas Colectivas, ¿a qué os dedicáis?
Nosotros somos un colectivo que surge en la Escuela de Arquitectura
de Donostia, por iniciativa de tres profesores. Empezamos a organizar
una serie de talleres cuyo objetivo era el análisis del uso de la
arquitectura, es decir, desvincularla un poco de lo conceptual y
acercarnos más al uso real y a las personas. Estos talleres se
planteaban como algo paralelo e independiente a lo que es la formación
académica reglada, y a partir de ahí se ha ido creando un grupo de
alumnos. Empezamos a tener contactos con la red de Arquitecturas
Colectivas y a partir del encuentro que se hizo en Torelló, en
Catalunya, salimos con ganas de organizar un foro aquí y expandir la red
de Arquitecturas Colectivas a Euskadi.
¿En qué consiste el encuentro?
Es una red que tiene ramificaciones por todo el Estado, también en
Latinoamérica y en Europa, pero aquí no había colectivos que estuviesen
implicados. El encuentro tenía como objetivo traer la red aquí y tratar
de crear conexiones. Precisamente hemos elegido una ubicación como el
edificio Ziriza, en Pasajes, por el interés que tiene la reflexión sobre
el futuro urbanístico de esta zona, y también por el hecho de plantear
la reutilización de edificios como Ziriza, cuya situación es bastante
indefinida, como espacio cultural. Así que los tres ejes del encuentro
son la creación de red y la implicación de los colectivos locales, el
impulso de Ziriza como centro de producción artística y, por otro lado,
la reflexión sobre el urbanismo en Pasaia. Son objetivos ambiciosos y
difíciles de conseguir porque implicar a la gente en Pasaia es
complicado, las asociaciones y movimientos ciudadanos de aquí son un
poco reticentes a la gente que viene de fuera hablando de arquitectura,
porque están ya cansados de escuchar hablar de proyectos muy bonitos y
que nadie les haga demasiado caso.
Habéis incluido el proceso de transformación de la bahía de
Pasaia en los talleres, ¿han surgido ideas en relación al futuro de la
zona?
Un proceso de participación en el ámbito del urbanismo no puede durar
una semana, porque es muy poco tiempo. Es un proceso que ha de durar un
año, o más, donde la ciudadanía pueda estar implicada desde el
principio. Lo digo un poco porque es lo contario de lo que se suele
hacer, la palabra participación se usa con gran profusión y casi es un
elemento de marketing para las Administraciones. Se usa para actos de
supuesta democracia, donde se pone una urna cuando el proyecto ya está
terminado, o se proponen tres alternativas para que la gente diga cuál
le gusta más, cuando en realidad el proceso debe empezar antes, con
formación, implicación y consulta a la ciudadanía. Es importante que la
información que se recoge, las opiniones de la gente, estén en las bases
del proyecto, en lugar de que sea algo que se coloca sobre un proyecto
ya terminado, elaborado por un equipo técnico en una oficina. Lo que
pretendemos no es hacer un proyecto urbanístico para Pasajes sino
recoger las opiniones de la gente y hacerles creer que realmente pueden
participar, aunque también somos conscientes que nosotros llegamos aquí
cuando ya hay asociaciones y personas que se han organizado para opinar
sobre lo que se va a hacer en Pasajes.
"Queremos que encuentro sea un primer paso para convertir Ziriza en un centro de producción cultural"
En el taller, la idea principal que se ha desarrollado es la de crear
una identidad de Pasajes que conecte todos los distritos y municipios
que están en el entorno de la bahía, que ahora están un poco
desconectados, en gran medida por su falta de conexión con el agua,
porque el borde está ocupado por las actividades portuarias.
El escenario del encuentro ha servido también como espacio de
reciclaje de lugares. La Casa Ziriza está semi abandonada, ¿qué usos
proponéis?
Al empezar a organizar el encuentro, nos encontramos con un edificio
en una situación muy indefinida. Es un edificio propiedad del puerto,
que es una entidad estatal. Durante años había tenido un uso industrial,
y después el Ayuntamiento y las asociaciones lo han utilizado para usos
puntuales, como pueden ser los ensayos de la tamborrada o como almacén
de los servicios municipales, pero vamos, de una forma un tanto
desorganizada y en condiciones de cierto abandono o descuido.
El Ayuntamiento quería comprar el edificio y montar un centro de arte
y cultura, pero no ha habido acuerdo con el puerto y por otro lado, con
los planes urbanísticos que se están aprobando, el edificio ha quedado
fuera de ordenación, en un limbo. En medio de todo esto, este encuentro
creemos que puede servir como demostración de que realmente es un
espacio apropiado para la cultura, no solo como sala expositiva sino
también para la producción artística. Durante la semana el edificio ha
estado lleno de gente, en las presentaciones y los talleres simultáneos,
y la verdad es que daba gusto ver cómo un edificio que habitualmente
está vacío puede estar tan lleno de actividad e interacción, con gente
aprendiendo y conociéndose.
Nosotros tenemos ganas de pujar, ya sea con un modelo de gestión
público o de cesión a colectivos o a un grupo de gente que esté
dispuesta a implicarse. Lo bonito es que aunque las Administraciones no
se pongan de acuerdo, en cierta forma nos están dejando hacer, así que
es una oportunidad de construir cosas desde la ciudadanía y desde
movimientos que no están dentro del engranaje administrativo. Es un
ejemplo de cómo la Administración puede ceder competencias a la gente,
permitiendo que tome la iniciativa.
Entre los talleres estaba el de la construcción de módulos
habitables nómadas, como alternativa ante el problema de la vivienda.
¿Se trata de una propuesta que puede llevarse a la práctica?
Lo que hicimos fueron prototipos, así que se trata de algo
experimental. El tema de los módulos prefabricados de obra está en el
origen de la red Arquitecturas Colectivas. Recetas Urbanas en su día se
hizo con unos 40 módulos procedentes de un asentamiento gitano que había
sido desalojado y lo que hizo fue repartirlos entre diferentes
colectivos que pudieran necesitar un espacio. Cuatro de ellos se usaron
en Girona para crear un centro de acogida de artistas, situado sobre la
cubierta del edificio municipal, y cuando terminó su uso, nos
propusieron traerlos aquí. El prototipo es un ensayo de cómo construir
una vivienda móvil con estos cuatro módulos y durante dos semanas se ha
avanzado en el acondicionamiento. A través del taller de energías
renovables, dirigido por el arquitecto Iñaki Urquía, se
construyó también una instalación de agua caliente con paneles solares
para la vivienda. Más adelante veremos qué camino pueden seguir y dónde
se pueden ubicar, aunque una de las ideas es instalarlos en Arteleku.
También queremos hacer cuentas sobre cuanto nos ha costado la
instalación, porque a partir de ahí pueden salir reflexiones acerca del
precio de la vivienda. Es uno de los caminos que todavía quedan
abiertos, al igual que el uso de Ziriza y el proceso participativo de
Pasaia.
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