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“Lo más importante para el desarrollo del entorno rural es fomentar la transferencia del conocimiento” · Paloma Hernández y Francesc Altès, Rural Living Lab Pirineos

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En la comarca catalana del Solsonés, está en marcha desde 2009 el proyecto Rural Living Lab Pirineos. Vinculado al Centro Tecnológico Forestal de Catalunya, se trata de una iniciativa para el impulso de la innovación económica, social y medioambiental desde la perspectiva de un entorno rural. Paloma Hernández y Francesc Altès participaron en el encuentro Medio Ambiente e Innovación: oportunidades para el medio rural, organizado por Itsasmendikoi dentro de los Cursos de Verano de la UPV.

Rural Living Lab Pirineos

Rural Living Lab Pirineos.

¿Por qué se crea el Rural Living Lab Pirineos?

Francesc Altès: Formamos parte del Centro Tecnológico, donde hay mucho personal investigador, pero el problema es que la sociedad no conoce lo que hacemos. Falla mucho la transferencia, el Living Lab nos sirve para mejorar esta capacidad de transferir estas acciones a la sociedad, porque somos los grandes desconocidos del territorio.

Paloma Hernández: Hasta ahora teníamos el tema del telecentro y los viveros de empresas, pero proyecto surge también a partir de la voluntad de implicar a la población de una forma más amplia. Siempre se piensa que la innovación viene de parte de los investigadores y no es cierto, la población tiene muchas cosas que decir y que aportar, lo que queremos es que ese conocimiento entre dentro de las investigaciones.

¿Cómo implicáis a la ciudadanía?

P.H.: Por un lado hemos implicado a todos los agentes sociales, las asociaciones del entorno, los empresarios, etcétera, para que vengan a realizar acciones a nuestro centro. Otra de las medidas es que la gente que acude a los telecentros, hasta ahora recibía una formación muy dirigida. A partir de este momento lo que se plantea a los usuarios es que innoven, se les ofrecen proyectos para que sean ellos quienes los realicen. En concreto ahora tenemos entre manos una iniciativa con los seniors para construir una ruta antropológica por Solsona desde el recuerdo de los más mayores. Les hemos dado las aplicaciones informáticas y la formación necesaria, pero el conocimiento lo han aportado ellos.

F.A.: Somos una comarca situada en medio de Catalunya, en el Pre-Pirineo, a 120 kilómetros de Barcelona. Hay 13 mil habitantes, 9 mil de ellos en la capital, y es plenamente rural. Hay que tener en cuenta que el 90% de la población catalana vive en la costa. Lo que queremos es proporcionar herramientas para que la gente de nuestro territorio pueda quedarse, si quieren ir fuera a formarse, que vayan, pero que sepan que existe la alternativa de hacerlo aquí. Tenemos dos sedes del centro, una en Solsona y otra en el campo, y estamos ampliando el vivero de empresas para pasar de dos a 13.

¿Cuales son las líneas de actuación del Rural Living Lab Pirineos?

F.A.: Son tres. Por un lado tenemos la innovación empresarial, donde si viene una persona con una idea, le ofrecemos la opción de acceder a unos beta testers, unos clientes que probarán si el producto o el servicio que ha ideado puede fabricarse. Claro, esta persona puede ir a Barcelona y presentarlo a una consultora, pero le van a cobrar una factura muy grande. A nosotros lo que nos interesa es que si alguien tiene una idea pueda ponerla en práctica. Aunque esta es la parte más difícil, nos hemos dado cuenta de que a la gente le cuesta animarse a presentar proyectos.

"Queremos que la ciudadanía participe en los procesos de innovación de la comarca"

¿Y las otras líneas de trabajo?

F.A.: Luego tenemos la parte de innovación social, con proyectos como el que comentaba Paloma con los mayores. En el ámbito de la juventud, compramos unos robots de Lego para que los jóvenes aprendan a programar, haciendo que el robot juegue un partido de fútbol, que vaya sorteando obstáculos,.. Este proyecto es para que los jóvenes no consideren que la tecnología sirve solo para enviar mensajes y entrar en Facebook, que vean que puede utilizarse también para programar. Ahora hemos realizado dos talleres y en septiembre empezaremos con más, porque nos parece que es una forma divertida de ofrecer otra visión de la tecnología.

Otra de las áreas de acción del living lab es la innovación ambiental. El Centro Tecnológico es un espacio promotor del uso de la biomasa y nosotros lo que intentamos es que entidades públicas y privadas empiecen a utilizarlo, que vean que el uso de combustible del país es más rentable que el uso de combustibles fósiles. A largo plazo es mucho más económico, nosotros tenemos más de 3000 metros cuadrados en el centro y el gasto en la calefacción es aproximadamente de 300 euros al mes, un precio irrisorio.

Además tenemos un proyecto piloto para construir depuradoras naturales. Aprovechando las aguas fecales, a través de plantas y el uso de cerámica, se extrae agua para el riego. Para usos sanitarios se tendría que clorar, pero es una manera de reutilizar las aguas residuales. Dentro del Centro Tecnológico hay unas áreas específicas que trabajan en estas líneas, en este sentido la función del living Lab es dar a conocer todas las investigaciones.

Los living labs están enmarcados normalmente en el entorno urbano, ¿cuáles son las características propias de un living Lab rural?

P.H.: Principalmente lo que intentamos es fomentar nuestras fortalezas como centro y como comarca. Lo que tenemos es gente, el Centro Tecnológico con un potencial medioambiental muy importante y una red de empresarios y emprendedores que quieren impulsar el trabajo.

A raíz de la crisis se creó una comisión de promoción económica de la comarca donde participamos diferentes entidades. Está formada por una comisión grande, donde está el alcalde, el conseller, etcétera, y luego una comisión pequeña, formada por técnicos, donde estamos nosotros. A través de encuentros y entrevistas con entidades, asociaciones y centros públicos, recogemos qué es lo que se necesita y lo proponemos a la comisión grande, que es quien tiene el poder para actuar. Es un cambio de mentalidad porque antes eran procesos que se hacían siempre de arriba hacia abajo, ahora es al revés.

Una de las cosas buenas que tiene la comisión es que todos los agentes estamos de acuerdo y trabajamos conjuntamente, con lo cual no nos solapamos. Sumamos esfuerzos teniendo en cuenta el interés general, que es definir qué entorno queremos para el futuro.

¿Habéis establecido contactos con otros living labs?

F.A.: Sí, tenemos contactos con la gente de Abla, con el Citilab de Cornellá y también con Guifi.net y TAGSA. Fuera de España, trabajamos con la Fundación Territorios del Mañana y seguramente el año que viene colaboraremos en un proyecto para mejorar la formación en TIC entre la ciudadanía. A partir del encuentro en los cursos de verano es posible también que surja algún tipo de colaboración interesante con Itsasmendikoi e Innobasque.

P.H.: Hace tiempo se habló de crear una red rural de living labs pero es un proyecto que está en punto muerto. Pero aunque seamos un living lab rural, yo creo que no tenemos que limitarnos a entornos rurales, porque el conocimiento viene de cualquier lugar, desde Almería hasta San Sebastián. Para nosotros es totalmente abierto.

  • Fecha: 23/08/2010



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