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Rural Living Lab
Pirineos.
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¿Por qué se crea el
Rural Living Lab Pirineos?
Francesc Altès: Formamos parte del Centro Tecnológico, donde hay
mucho personal investigador, pero el problema es que la sociedad no
conoce lo que hacemos. Falla mucho la transferencia, el Living Lab nos
sirve para mejorar esta capacidad de transferir estas acciones a la
sociedad, porque somos los grandes desconocidos del territorio.
Paloma Hernández: Hasta ahora teníamos el tema del telecentro y los
viveros de empresas, pero proyecto surge también a partir de la voluntad
de implicar a la población de una forma más amplia. Siempre se piensa
que la innovación viene de parte de los investigadores y no es cierto,
la población tiene muchas cosas que decir y que aportar, lo que queremos
es que ese conocimiento entre dentro de las investigaciones.
¿Cómo implicáis a la ciudadanía?
P.H.: Por un lado hemos implicado a todos los agentes sociales,
las asociaciones del entorno, los empresarios, etcétera, para que vengan
a realizar acciones a nuestro centro. Otra de las medidas es que la
gente que acude a los telecentros, hasta ahora recibía una formación muy
dirigida. A partir de este momento lo que se plantea a los usuarios es
que innoven, se les ofrecen proyectos para que sean ellos quienes los
realicen. En concreto ahora tenemos entre manos una iniciativa con los
seniors para construir una ruta antropológica por Solsona desde el
recuerdo de los más mayores. Les hemos dado las aplicaciones
informáticas y la formación necesaria, pero el conocimiento lo han
aportado ellos.
F.A.: Somos una comarca situada en medio de Catalunya, en el
Pre-Pirineo, a 120 kilómetros de Barcelona. Hay 13 mil habitantes, 9 mil
de ellos en la capital, y es plenamente rural. Hay que tener en cuenta
que el 90% de la población catalana vive en la costa. Lo que queremos es
proporcionar herramientas para que la gente de nuestro territorio pueda
quedarse, si quieren ir fuera a formarse, que vayan, pero que sepan
que existe la alternativa de hacerlo aquí. Tenemos dos sedes del centro,
una en Solsona y otra en el campo, y estamos ampliando el vivero de
empresas para pasar de dos a 13.
¿Cuales son las líneas de actuación del Rural Living Lab Pirineos?
F.A.: Son tres. Por un lado tenemos la innovación empresarial,
donde si viene una persona con una idea, le ofrecemos la opción de
acceder a unos beta testers, unos clientes que probarán si el producto o
el servicio que ha ideado puede fabricarse. Claro, esta persona puede
ir a Barcelona y presentarlo a una consultora, pero le van a cobrar una
factura muy grande. A nosotros lo que nos interesa es que si alguien
tiene una idea pueda ponerla en práctica. Aunque esta es la parte más
difícil, nos hemos dado cuenta de que a la gente le cuesta animarse a
presentar proyectos.
"Queremos que la
ciudadanía participe en los procesos de innovación de la comarca"
¿Y las otras líneas de trabajo?
F.A.: Luego tenemos la parte de innovación social, con proyectos
como el que comentaba Paloma con los mayores. En el ámbito de la
juventud, compramos unos robots de Lego para que los jóvenes aprendan a
programar, haciendo que el robot juegue un partido de fútbol, que vaya
sorteando obstáculos,.. Este proyecto es para que los jóvenes no
consideren que la tecnología sirve solo para enviar mensajes y entrar en
Facebook, que vean que puede utilizarse también para programar. Ahora
hemos realizado dos talleres y en septiembre empezaremos con más, porque
nos parece que es una forma divertida de ofrecer otra visión de la
tecnología.
Otra de las áreas de acción del living lab es la innovación
ambiental. El Centro Tecnológico es un espacio promotor del uso de la
biomasa y nosotros lo que intentamos es que entidades públicas y
privadas empiecen a utilizarlo, que vean que el uso de combustible del
país es más rentable que el uso de combustibles fósiles. A largo plazo
es mucho más económico, nosotros tenemos más de 3000 metros cuadrados en
el centro y el gasto en la calefacción es aproximadamente de 300 euros
al mes, un precio irrisorio.
Además tenemos un proyecto piloto para construir depuradoras
naturales. Aprovechando las aguas fecales, a través de plantas y el uso
de cerámica, se extrae agua para el riego. Para usos sanitarios se
tendría que clorar, pero es una manera de reutilizar las aguas
residuales. Dentro del Centro Tecnológico hay unas áreas específicas que
trabajan en estas líneas, en este sentido la función del living Lab es
dar a conocer todas las investigaciones.
Los living labs están enmarcados normalmente en el entorno urbano,
¿cuáles son las características propias de un living Lab rural?
P.H.: Principalmente lo que intentamos es fomentar nuestras
fortalezas como centro y como comarca. Lo que tenemos es gente, el
Centro Tecnológico con un potencial medioambiental muy importante y una
red de empresarios y emprendedores que quieren impulsar el trabajo.
A raíz de la crisis se creó una comisión de promoción económica de la
comarca donde participamos diferentes entidades. Está formada por una
comisión grande, donde está el alcalde, el conseller, etcétera, y luego
una comisión pequeña, formada por técnicos, donde estamos nosotros. A
través de encuentros y entrevistas con entidades, asociaciones y centros
públicos, recogemos qué es lo que se necesita y lo proponemos a la
comisión grande, que es quien tiene el poder para actuar. Es un cambio
de mentalidad porque antes eran procesos que se hacían siempre de arriba
hacia abajo, ahora es al revés.
Una de las cosas buenas que tiene la comisión es que todos los
agentes estamos de acuerdo y trabajamos conjuntamente, con lo cual no
nos solapamos. Sumamos esfuerzos teniendo en cuenta el interés general,
que es definir qué entorno queremos para el futuro.
¿Habéis establecido contactos con otros living labs?
F.A.: Sí, tenemos contactos con la gente de Abla, con el Citilab
de Cornellá y también con Guifi.net y TAGSA. Fuera de España, trabajamos
con la Fundación Territorios del Mañana y seguramente el año que viene
colaboraremos en un proyecto para mejorar la formación en TIC entre la
ciudadanía. A partir del encuentro en los cursos de verano es posible
también que surja algún tipo de colaboración interesante con
Itsasmendikoi e Innobasque.
P.H.: Hace tiempo se habló de crear una red rural de living labs pero
es un proyecto que está en punto muerto. Pero aunque seamos un living
lab rural, yo creo que no tenemos que limitarnos a entornos rurales,
porque el conocimiento viene de cualquier lugar, desde Almería hasta San
Sebastián. Para nosotros es totalmente abierto.