¿Cuáles han sido las primeras clases que han recibido los estudiantes en la facultad?
El 3 de octubre empezaron los 56
estudiantes y estas dos primeras semanas están siendo parte de una
asignatura que consiste en contextualizar su profesión futura y también
su modelo de formación, cómo va a ser el grado. Yo creo que también eso
es innovador en una titulación universitaria porque es como un plan de
acogida integral. Al final no solo tienen que entender el sector en el
cual van a trabajar y las salidas que van a tener, también la titulación
en sí, que es un modelo de formación diferente, basado en el desarrollo
de competencias.
¿Por qué es un concepto innovador de formación?
Primero, porque es una formación
interdisciplinar que integra saberes de muchas áreas, desde técnicas
culinarias y de servicios hasta ciencia, cultura y humanidades. Pero
también porque es un modelo de formación muy de aprender haciendo, a
través de la práctica y la reflexión sobre esa práctica se va
produciendo el aprendizaje. Otro de los elementos de la formación es el
trabajo en equipo, los estudiantes se dividen en grupos de 14 personas
que van pasando por diferentes talleres, hay mucha labor de aprendizaje
en colaboración y mucha tutoría por parte de los profesores.
¿Qué perfil tiene el alumnado que ha entrado en el grado?
La parte culinaria es básica,
pero luego hay una serie de competencias que tienen que ver con la
creatividad, con el trabajo a través de la práctica, que vamos a
desarrollar con los estudiantes, así que es un perfil de gente activa e
innovadora.
"El elemento social y de salud está muy presente en la formación"
En la inauguración, se presentó el Basque Culinary Center como fórmula para salir de la crisis, ¿cómo?
Yo suelo decir muchas veces que
es un modelo basado en ir a nuestros puntos fuertes y a partir de ahí
construir un proyecto en coherencia con estos valores, y hacerlo vía
cooperación. En este caso es un buen ejemplo de colaboración
público-privada porque estamos agentes del ámbito empresarial y público
implicados, fruto de ello surge el Basque Culinary Center.
En general se reclama un
mayor vínculo entre universidad y mercado, ¿qué conexiones hay en ese
sentido en vuestro grado universitario?
Este proyecto surge del sector
profesional. No es una facultad al uso porque surge del trabajo conjunto
con los propios profesionales y el sector empresarial está muy
implicado en las decisiones que tomamos y el diseño del modelo. Es una
forma diferente de hacer facultad donde la relación entre universidad y
empresa de la que tanto se suele hablar está en los orígenes y en el día
a día.
¿Crees que es un modelo a seguir por otras facultades más tradicionales?
Nosotros creemos en ello. En
Basque Culinary Center hemos aplicado la forma de trabajar que desde
Mondragon Unibertsitatea se viene practicando desde hace mucho tiempo,
este vínculo entre universidad y empresa que es necesario porque no
puede haber esas distancias entre el mundo de la formación y el sector
económico real. Es un camino claro de futuro, sin duda.