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Imagen de José Fariña en el Congreso EquiCiudad.
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Explicabas en la charla de EquiCiudad que las ciudades están perdiendo su identidad, ¿por qué crees que está ocurriendo?
La ciudad normalmente siempre ha
estado en un territorio donde había una diferencia clara entre lo que
era ciudad y lo que era campo, para entendernos, y esa diferenciación le
daba identidad porque delimitaba un territorio determinado con unas
características especiales. Pero a partir de la Segunda Guerra Mundial
las ciudades empezaron a desperdigarse por el territorio. En Euskadi y
en todo el norte de España está ya históricamente desperdigado porque
es un rural disperso. Pero con el tiempo, todo lo rural se ha
transformado en urbano, convirtiéndose en trocitos de ciudades. A la
vez, se han perdido los flujos cercanos a la ciudad. Antes se alimentaba
del territorio cercano pero hoy los productos pueden venir de 500
kilómetros, de 1.000 kilómetros, de Hong Kong o de Singapur. Tanto en
flujos como en la propia disposición de la ciudad se ha perdido la
identidad como tal, y el ciudadano ya no vive una relación con el
territorio.
Hablas de la periferia, pero ¿qué pasa en el interior de la ciudad?
Con el espacio público y el
ciudadano pasa lo mismo. Esa forma de funcionamiento de la periferia,
rota en pedacitos, se ha reproducido en la ciudad tradicional, que se
empieza a especializar en trozos. Esta parte es de ricos, esta parte es
de pobres, la otra es de oficinas,... Aún sin discontinuidades físicas,
porque está todo seguido, se parte. La gente vive en esos pedazos y solo
se relaciona con personas de su misma clase y sus mismos gustos. Al no
relacionarse con desiguales se pierde la educación cívica y entonces
empiezas a tenerle miedo al otro, porque no sabes cómo se va a comportar
y surge una desconfianza hacia quien es diferente. Ese miedo es una
pescadilla que se muerde la cola porque así cada grupo se va cerrando
cada vez más y los espacios ya no son de la colectividad, sino de
determinados grupos. Mira, por hablar de un tema de Madrid, que es una
ciudad que conozco más, hay un campo de fútbol donde antes iba toda la
gente del barrio a jugar, pero resulta que empezaron a tener miedo, las
madres no querían dejar que sus hijos jugaran allí, y ¿qué ha pasado?
Que ha venido un grupo de colombianos que no tienen dónde reunirse y no
se han integrado, y lo han ocupado expulsando a todos los demás. Ya no
hay una identificación ciudadana con ese campo de fútbol. Este ejemplo
pasa con cualquier otro tipo, no de etnia, sino de clase social.
"No hay soluciones globales, sino derivadas de acuerdos entre agentes locales"
Explicabas en la charla
que las funciones del espacio público de la ciudad se están trasladando a
otros lugares, a espacios virtuales y a entornos privados, ¿qué
consecuencias tiene?
Las funciones tradicionales del
espacio público están cambiando, el problema es que hay algunas
fundamentales como es la socialización, que no se pueden realizar en
ningún otro lugar. No puedes educar a la ciudadanía para convivir con
personas diferentes, a un rico para que hable con un marginal, o
simplemente para que al verlo por la calle no le entre pánico y salga
escopeteado. Ese aprendizaje solo se puede hacer en el espacio público.
No se puede hacer en espacios privados porque ahí no tienen cabida más
que quienes son como tú, y tampoco lo puedes hacer en Internet, porque no es la persona la que se relaciona sino unos atributos concretos
de la persona. Determinados tipos de relación sí se pueden dar en
Internet, y ahora nosotros estamos estudiando qué relaciones del espacio
público se pueden llevar al entorno virtual, pero no te puedo decir
nada todavía porque aún no lo sabemos.
Proponías los centros comerciales como espacios públicos del futuro, una perspectiva bastante inquietante...
"El espacio público genera procesos de aprendizaje que no se pueden dar en ningún otro sitio"
Lo he dicho medio en broma, pero
algo tenemos que hacer con esas periferias. Ahora mismo tenemos una
ciudad distribuida en pedacitos, y a ver qué hacemos con ello cuando el
precio de la gasolina se ponga en 300 euros por litro. Puedes decir,
ponemos transporte público, pero no sé si te has dado cuenta que en los
ayuntamientos donde hay mucha fragmentación urbana, cuando ponen a
concesión el transporte público las empresas no van, porque no resulta
rentable. Esas periferias no tienen densidad suficiente para mantener el
transporte público, y si el transporte privado se vuelve demasiado
caro, tú me dirás que hacemos. En bicicleta los viejos no pueden ir, y
va a haber un montón dentro de nada. Ahora hay mucha gente pensando de
qué manera podemos controlarlo porque es un problema muy grave. Lo del
hipermercado como espacio de socialización no es más que una forma de
decir que hasta eso hay que pensar, porque ahora mismo no hay una
solución. Hay ayuntamientos en la Costa del Sol que están en quiebra y
no pueden pagar la recogida de basura porque el camión tiene que hacer
más de 20 kilómetros y es carísimo. Tienen que dar luz pública en
densidades muy bajas y para que se beneficien 50 personas han de
iluminar un montón de calles. La policía no puede vigilar hectáreas y
hectáreas de territorio,... así con todo.
En ese sentido la crisis económica ha venido bien para parar esta tendencia urbanística...
Para la organización de la
ciudad y del territorio es una oportunidad increíble. Claro que es un
desastre para la gente que está en paro, pero es que nos lo hemos
buscado porque en lugar de tener un empleo diverso nos hemos centrado
solo en dos aspectos, el turismo y la construcción. A nivel social es un
desastre, pero para los encargados de organizar la ciudad supone un
tiempo para pensar que necesitamos inexcusablemente. Tenemos que darle
un giro muy importante y para eso se necesita un tiempo de reflexión,
eso es lo que tenemos ahora.