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Lummoblocks en la fachada de Medialab-Prado, en Madrid.
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Últimamente la palabra gamificación se ha puesto de moda, ¿se puede poner una capa de juego a todo?
Los humanos estamos predispuestos a
jugar, de pequeños lo que hacemos es comer, hacer nuestras necesidades y
jugar. Así que la gamificación es un hecho que sí funciona en ciertos
sentidos, aunque no siempre. Ahora algunos consultores lo venden como lo
más nuevo, pero en realidad si miras en perspectiva, el juego ha estado
en nuestra sociedad siempre. Va a funcionar si se hace bien, pero no en
todos los ámbitos laborales. También hay una burbuja, porque no todo es
gamificación. En el encuentro en la Alhóndiga Carlos Tardón explicaba
que en el tema de los serious games hay mucho debate, porque hay gente que dice hacer serious games pero luego lo que hace no son videojuegos, se queda solo con la parte serious
sin diversión detrás. A los niños, cuando les pones un juego que no es
un juego lo captan a la primera y lo dejan porque se aburren.
Uno de tus proyectos es
Lummoblocks, un juego tetris gigante en el espacio público aprovechando
las fachadas. ¿Qué pasa en el entorno cuando pones un videojuego de este
tipo?
Los sistemas interactivos de gran
tamaño, al situarlos en un entorno público, transforman el espacio
social. Si cuando construyes un parque infantil conviertes un espacio en
lúdico y pasan cosas, es lo mismo con un juego como Lummoblocks,
incluso más, porque es algo nuevo. La plaza se transforma y pasa a ser
otro elemento arquitectónico que cambia la vida social. La gente se pone
a jugar, a hacer torneos,... hay una interacción que no se da cuando son
juegos más intimistas.
"¿Por qué la gente para de trabajar para regar las plantas de Farmville? Porque la gamificación funciona"
Eso os pasó en Córdoba, en Argentina, la plaza parecía un campo de fútbol...
Sí, como allí hay una afición tan
fuerte por el fútbol, de golpe se vio claro que la gente estaba
transformando Lummoblocks en un juego colectivo. Los espectadores
animaban, daban consejos, chillaban para que los jugadores se movieran...
Igual que en un partido de fútbol. La plaza estaba abarrotada y todo el
mundo quería jugar, de hecho tengo la foto de un homeless que
se puso a jugar. Tuvimos algunos problemas porque su perro también
quería participar y, claro, distorsionaba el juego. Es muy integrador
porque solo necesitas tu cuerpo para jugar, nada más, pasas por la calle
y de golpe te puedes involucrar.
Las fachadas han sido
siempre un espacio ambicionado por la publicidad, con la extensión de
este tipo de juegos interactivos, ¿te preocupa que sean un campo abonado
para llenar de publicidad el espacio público?
En realidad estamos ya llenos de
publicidad que no aporta nada. Si como mínimo puedes hacer un juego que
te divierta, lo veo positivo. Yo valoro ese dilema en cada caso
particular. Ahora mismo los juegos para fachadas son muy puntuales, pero
está claro que es un sector emergente porque es una forma de llegar a
la gente. Evidentemente, si es un producto que no entra en mi gama ética
no voy a trabajar con ellos, pero entiendo que si la publicidad aporta
algo, en este caso un nuevo espacio lúdico en la ciudad, entonces no me
parece un gran problema.
Siguiendo con el tema del consumo, estáis a punto de lanzar Shopping in one minute, ¿una crítica al consumo masivo?
Es un juego para iPhone que va a
salir en noviembre, para el Not Shopping day, y la idea es convertir los
centros comerciales en lugares de juego. Está basado en la
geolocalización y consiste en escanear el máximo de códigos de barras de
productos en 60 segundos. Es un juego social porque la gente puede
retarse entre sí en tiendas, cada una con el aliciente de tener
productos diferentes. El juego consiste en convertir el espacio de
compra en un lugar de recreo, porque ¿cuántos metros cuadrados de la
ciudad están dedicados al consumo? Con la crisis, buena parte de la
población no puede ir tan a menudo a comprar y se están convirtiendo en
espacios en desuso. La idea surge de cómo aprovechar esos lugares para
algo interesante. Además, estamos re-jugando su juego porque los centros
comerciales quieren que la gente vaya allí a pasar el día, y de paso
compre. Antes era la fiesta del consumo, pues ahora hacemos la fiesta de
la diversión de por sí, sin tener que gastar dinero.
"Los juegos como Lummoblocks provocan interacciones entre gente que no se conoce"
¿Crees que se van a extender este tipo de juegos, utilizando el espacio público como tablero gigante?
Yo creo que hay dos ramas dentro de
la ludificación de la ciudad. Una es el juego dentro de la arquitectura
de la ciudad gracias a los nuevos sistemas de iluminación interactiva y
las pantallas urbanas. Todo esto genera un tipo de juego. Luego hay otro
que está basado en la ubicuidad, gracias a los móviles con sensores y
una capacidad de computación muy alta. Las consolas de hace cinco años
tenían la misma capacidad de computación que tiene un iPhone ahora mismo
y ahora lo llevas en el bolsillo. Los gamers más fanáticos del 3D dirán
que con el móvil no puedes conseguir lo último, pero las cosas que se
pueden hacer son infinitas y el hecho de tenerlo siempre encima permite
que la ciudad sea tu interface de juego, en cualquier momento una calle
se convierte en un área perfecta para jugar. La clave aquí también está
en la experiencia, digamos que generar una experiencia en el sofá de tu
casa cada vez es más difícil. Sacan la Kinect, gráficos nuevos, sensores
nuevos,... Hay una guerra entre mandos, pero en la ciudad las
experiencias son infinitamente más ricas porque puedes trabajar con su
fisionomía, con la gente, hay un mundo de nuevas aplicaciones a
desarrollar.
¿Cómo imaginas las aplicaciones de juego en la ciudad en un futuro?
Para empezar, ahora usamos el GPS
que tiene diez metros de exactitud, y está claro que va a llegar un día
en que va a ser de centímetros o milímetros. Eso quiere decir que
cualquier punto de la ciudad va a poder ser un punto clave, cada
rinconcito. La definición de la ciudad va a ser mucho mayor. Por otro
lado, los RFID
estarán cada vez más extendidos y vamos a poder tagear el entorno. No
solo en las grandes ciudades, también en las pequeñas, porque el móvil
es la tecnología más extendida que tenemos ahora mismo.